Exodo 3, 1,
6:
Me hice pastor,
que es lo más cercano
a ser merecedor de milagros de dioses y de
vírgenes.
Guardaba las ovejas de mi suegro,
y quise ver a Dios.
Se me apareció un ángel en llama
en medio de una zarza revestida de fuego.
Nunca he creído en ángeles: por ser,
asexuados ellos,
y sin seso yo.
Pero las ganas de ver a Dios me consumían; y me dije:
"Voy a ver si no me quemo y
me consumo".
Alguien dijo mi nombre.
"Eh, Tú!.
Miré detrás de mi;
por si alguno más me acompañaba.
No había nadie tan loco como yo;
estaba
sólo en el monte.
"Sí,Tú!.
Descálzate!, y no te acerques.
Cubre tu rostro, y no me mires".
"Soy
el dios de tus padres" - siguió la voz.
"No puede ser - dije yo, tartamudo -.
Padre
siempre me dijo que no tenía dios".
"Pobrecillo tu padre - chisporreteó la llama del ángel -
El Dios verdadero
no necesita la fe de los ateos. Soy el que soy:
Soy El sin nombre".
Yo bajé del monte, confundido.
Nunca conté
a nadie mi visión.
No me creerían;
por más que sea un pastor.
Poema de Alfredo García