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miércoles, 27 de octubre de 2021

Besos en la frente (actualizado)


Hoy, día 25 de marzo de 2017, he asistido a la presentación del libro "Ágora de la Poesía 2, antología de autores", en el MUSAC de León. Yo creo que en vez de llamarse antología debería ser llamado "pantología de autores". Con sus vivencias, con sus sentimientos, con sus emociones. Porque al final todas esas cosas son "de todos".
Decía el poeta romántico William Wordsworth "que la poesía nace de la emoción revivida en la tranquilidad". Y es que la poesía revive una emoción. O al revés: la emoción revive la poesía.
También decía José Ángel Valente que "la emoción no sólo es un sentimiento personal; a menudo es transferible". Y ese "a menudo" lo consigue la poesía; la buena poesía...

En las páginas 33,34 y 35 esta "pantología" se incluye una suma de emociones revividas por este aprendiz de poeta, que pretende transferir algunos de los sentimientos "de todos, en alguna ocasión de nuestras vidas"...
En el acto declamé, "emocionado", este poema que las recoge:
BESOS EN LA FRENTE
Lo actualizo y lo libero nuevamente, pues ya figura en la citada publicación coral. 
Ojalá que haya acertado...
Lo comparto, ¡sin competir!...


Besos en la frente

Sólo tres mujeres me han besado en la frente.
Voy a ir por orden.
La primera, mi madre. Lo intuyo:
estábamos los dos,
casi solos los dos... no lo recuerdo;
pero me dicta el corazón
y ahora me acuerdo. Ella había soltado
un grito de dolor y de placer;
y yo era un espasmo de dolor 
y de lágrimas, que me cortó la comadrona
en un azote.  Y ella me sonrió.
Me descolgó la esperanza y la fuerza
desde sus ojos. Y me besó  en la frente,
que yo, pobre,  tenía embadurnada de sangre 
y de placenta.

La segunda, mi abuela. Lo sé; lo siento.
Había tenido calenturas,
tres o cuatro noches seguidas.
Seguidas de delirios. Se me juntó todo 
con una escandalosa hemorragia,
inacabable. Tenía 
la cara blanca, como un velón de cera.
Yo, en mi debilidad, supe que no estaba ya en el mundo. Estaba ido.
Y unos fantasmas me llamaban
desde el alto techo de la alcoba.
Y ella, mi abuela, me besó.
En la frente. Y fue un robo a la muerte.
"Déjalo ya, demonio" - decía el beso -
"Y cuando vengas, ven a por mi, si te atreves".  
(Y vino, claro que vino. Mas yo no estaba allí, en la casa,
para salvar a mi abuela de la muerte, y devolverle el beso).

La tercera mujer que me ha besado,
así, tan dulcemente, has sido tú.
Después de muchos besos, es verdad...
Besos de todos los colores; multiformes...
ingenuos; sosos; 
cargados de la sal  - en lágrimas,
y en risas -;
cortos, largos, entrecortados, tiernos...
escandalosamente silenciosos; prohibidos;
obligados a pecar; obligados a no prohibir... 
Mas el dulce beso en la frente
que me diste, que me das, que me prometes cada noche...
cuando los dos estamos ya llegando a nuestra noche...
me lo supera todo, y me conforta.

Yo sólo he dado besos en la frente a tres mujeres.
(Una no fue mi abuela, ya lo sabes. Y lo siento).
Una fue mi madre, cuando ella ya estaba en el mundo
sin estar;  en su agonía, insuperable.  
Estaba ya su piel casi de cera. Y la besé.
En la frente. Y fue un adiós terrible.
Una has sido tú. Y tantas veces,
como noches. Como retornos merecidos,
a tus besos; que me alimentan... que nos alimentan.
Y la tercera fue hace tres meses:
vino Julia, con sangre de mi sangre,
como un río, riéndose en sus venas.
Nos sonrió. Colgaba su mirada en los ojos de su madre,
con ojos que aún no veían. 
Me la pusieron en los brazos,
- como para repartirla -,
Y yo posé con mis labios un hola suave, suave, suave...
en su serena frente. 
Había venido sin dolor, en una cesárea,
y estaba allí serena, como un ángel.
Este mi beso fue como si fueran 
tres. Como fueron los otros.
Como son los tuyos, noche tras noche.
Sólo que más luminoso.

(agf/07.02.2mil15)

domingo, 1 de diciembre de 2019

Ayer entré en la alcoba de la abuela...



Ayer entré en la alcoba 
de la abuela.
Está intacta, desde el día 
de su muerte. 
Es una cámara colmada de secretos, 
- y no sólo de alcoba -, 
llena de olor en todos sus rincones.
Tiene en el centro, delante de la luz
que arrasa 
desde el balcón semiabierto,
una mesa cubierta de un hule azul y rojo,
y en el medio un búcaro cargado 
de flores de tela, blancas
y siemprevivas siempre.
Tiene la cama, ondulada por los años 
de vacío y de sueños,
entre dos mesitas mielgas
que guardan aún los orinales
del abuelo y la abuela. 

Tiene, en el rincón derecho,

un inmenso perchero,
que parece una araña al revés
colgada del alto techo
y tejiendo, tejiendo... 
Tiene una araña lámpara,
descolgada del techo,
con luz amortecida,
vestida
 de un jalde desvaído al paso de los años oscuros y vacíos. 
Y una llave de pera que no funciona 
desde que se fue la abuela. 
Y tiene un gran ropero
de nogal, recio, recio...
con un espejo en la hoja del centro.
Me asomé a los años
pretéritos,
por ver cómo éramos.
De las esquinas del espejo 
se habían caído ya las fotos: 
del viejo cura tío-abuelo cuando fue hasta Roma
a ganar no sé qué jubileo;  
del joven tío Rogelio con su "ebro" reluciente y nuevo;
de mamá, luciendo su espléndida belleza;
y de la última esquina,
el escapulario de la Virgen del Carmen... 
que ahora, no sé porqué, 
voy guardando en el pecho. 
Me miré en el espejo...
me quise mirar... pero su azogue está ya roto,
como un lago de hielo que ha cedido 
al peso de los pasos,
y al paso de los años...
y los besos. 
Unas venas blancas, secas, 
cruzan la superficie de su luna.
¡¡¡Faltan ya tantos de los míos!!!
Y me vi, con los mismísimos gestos
del abuelo, mojando los dedos en mis labios
para liar un cigarro de cuarterón en picadura
(y eso que yo no fumo);
del padre, tosiendo silicosis de las minas de Ciñera
(y eso que yo no pico 
los duros azabaches de mi tierra...
- ¡¡¡ya no los pica, ay, casi ninguno!!!);
del hermano, que se fue demasiado pronto...
hace bien poco;
y de la hermana, también muy presurosa,
y del sobrino, ay... también contra natura...
Y me entró el azogue en todo el cuerpo
Yo soy, desde ese espejo,
todo lo que fueron los míos;
y soy ellos ahora.
Me cuelga de los labios,
- como si fuera una arracada de plata,
bailarina -, 
un sobado pitillo...
(y eso que yo no fumo).
Mas, oh dulce esperanza de la vida que sigue
detrás de mí;
...detrás de mí,
en la alcoba,
ha entrado hoy mi nieto,
que me salva. 
¡¡¡Y lo ha revuelto todo!!!
         Y todo está 
                          ...patas arriba. 

(agf/08.03.2mil14)


  

lunes, 28 de abril de 2014

A Milde "esperanzada"



Llega el otoño, cargado
de frutos y de ilusiones,
y la flor de un amor puro,
que amasaste entre canciones,
es hoy racimo maduro.

Nació con la aurora amiga,
y creciendo fue contigo.
Tú eres la espiga;
él, el trigo.
Y en tu seno tanto pesa,
que te inclinas a su peso,
y como sauce que besa
al río,
tú le das un beso.

Ya está cerca la vendimia,
y tú, cargada de amor,
te aliviarás de ese peso,
que tomaste con un beso,
cuando en el monte tenía
tan sólo el almendro flor.


(A Milde "esperanzada" /1972(?)


Puedes ver el poema, redondeado por Natalia, mi amiga canaria:
(mejor a pantalla completa)


miércoles, 12 de febrero de 2014

EL ABUELO MANCO

Abuelo Generoso, y su corredor a la calle...

MANCARSE no es transitivo


Mancadura: derivado del latín, "mancus": herida, dislocación o distorsión de alguna parte del cuerpo. 

Mancar/se. hacerse daño, dislocarse un hueso.


El abuelo manco 
era vecino de la huerta La Roma.
Tuvo, de joven, una mancadura; una herida disloca,
reflexiva; para él solo.
 Nunca quiso, ni pudo,
lastimar a nadie, 
ni estropear la vida 
de nadie.
Nunca perdio la esperanza,
- ni la realidad - de dar abrazos a manos llenas,
a brazos llenos...
aunque fuera sin una mano entera,
aunque fuera con un brazo recortado por aquel petardo de dinamita. 
El abuelo manco
no era un manco cualquiera;
pues sabía
- por viejo y por manco -
esconder las heridas. 
Y abrazaba; y cosía;
y bajaba, y subía...
Y quería, y quería, y quería...

(agf/12.02.2mil14)


Enésima reclamación médica, y una nueva tomadura de pelo recibida.

Si el SISTEMA SANITARIO  no funciona,  cambiemos el SI S TEMA.          una "segunda opinión" que se da sin seguimi ento ACTUALIZ...