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domingo, 16 de marzo de 2025

La lentitud de los bueyes...

 *****


¿Cómo será un poema - si renace, o se rehace -
pasados unos años?

***

"La lentitud de los bueyes", Julio LLamazares, 1979)

"Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora.
Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve.
Todo tan blando como las bayas rojas del acebo.
Nuestro abandono es grande como la existencia, profundo como el sabor de las frutas machacadas. Nuestro abandono no termina con el cansancio.
No es un error la lentitud, ni habitan nuestra alma las oquedades del conocimiento.
En algún zarzal lejano anida un pájaro de aceite que nace con el día. Siento su sed granate algunas veces. Su abandono es tan dulce como el nuestro.
Su lentitud no está desposeída de costumbre."

***
(1)
"Uno" ha pasado muchos años repisando la nieve de la infancia, queriendo vivir lento. Quizás buscando que las pisadas de unos juegos fueran encontrando el acomodo de un relato - como exigen algunos - de los divertimentos (¡o son atrevimientos!, tal vez poéticos) - de esos sueños..
Quizás llega el momento de saberlo. O de probarlo.
Pero ahora mismo es todavía la hora de temerlo. Sigo siento un buey lento, lento. Si un día tiene que salir - negro sobre la nieve , que salga.

¿Cómo serán mis "atrevimientos", pasados tantos años?

(1)"Uno": yo mismo)
*****


martes, 6 de febrero de 2024

COSAS DEL CID

Esta tarde, guardadme la vez - el turno silencioso - en el homenaje de Rubén Darío 2024, en el rincón del Parque del Cid de nuestro León de España, porque no puedo acompañaros...    

*

**

***

COSAS DEL CID

de Rubén Darío 


                     Día 06.02.2022. León, España, a las 12.00 horas

 delante del Monolito en honor de Rubén Darío (1867-1916)

***


Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa,
una hazaña del Cid, fresca como una rosa,
pura como una perla. No se oyen en la hazaña
resonar en el viento las trompetas de España,
ni el azorado moro las tiendas abandona
al ver al sol el alma de acero de Tizona.

Babieca descansando del huracán guerrero,
tranquilo pace, mientras el bravo caballero
sale a gozar del aire de la estación florida.
Ríe la Primavera, y el vuelo de la vida
abre lirios y sueños en el jardín del mundo.
Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo,
por una senda en donde, bajo el sol glorioso,
tendiéndole la mano, le detiene un leproso.

Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago
y la victoria, joven, bello como Santiago,
y el horror animado, la viviente carroña
que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.

Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo,
y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo.
¡Oh, Cid, una limosna! -dice el precito.
Hermano,
¡te ofrezco la desnuda limosna de mi mano!

dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende
la diestra al miserable, que llora y que comprende.



Tal es el sucedido que el Condestable escancia
como un vino precioso en su copa de Francia.
Yo agregaré este sorbo de licor castellano:


*

Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano,
el Cid siguió su rumbo por la primaveral
senda. Un pájaro daba su nota de cristal
en un árbol. El cielo profundo desleía
un perfume de gracia en la gloria del día.


Las ermitas lanzaban en el aire sonoro
su melodiosa lluvia de tórtolas de oro;
el alma de las flores iba por los caminos
a unirse a la piadosa voz de los peregrinos
y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho,
iba cual si llevase una estrella en el pecho.


Cuando de la campiña, aromada de esencia
sutil, salió una niña vestida de inocencia,
una niña que fuera una mujer, de franca
y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca.
Una niña que fuera un hada, o que surgiera
encarnación de la divina Primavera.

Y fue al Cid y le dijo: «Alma de amor y fuego,
por Jimena y por Dios un regalo te entrego,
esta rosa naciente y este fresco laurel».

Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente,
en su guante de hierro hay una flor naciente,
y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.



Jules Amédée Barbey 

fue un escritor y periodista francés (1808/1889):

un personaje imprescindible del mundo literario de su época, sin duda muy influyente, no sólo en Francia, también allende del Océano entre los inquietos como Rubén Darío...

La hazaña que contaba Barbey del Cid casi seguro que la conoció Rubén Darío, como una crónica de historia llamativa y truculenta, digna de un artículo de prensa, más de cotilleo que de fondo literario sobre la historia del Cid.

Y eso le parecía a Rubén Darío muy periodístico, pero poco poético y amoroso, aunque sí respondiera a la fama de guerrero, mercenario y poco humano del Cid verdadero."le da la desnuda limosna de su mano al mendigo".

Por eso, el bueno de Rubén Darío continúa con su relato en ese largo estrambote de delicadeza, de ternura y de poesía, con un sorbo de licor castellano. "Una niña vestida de inocencia, hada de Primavera, le entrega al Cid una rosa y un laurel, que rompen el frio hierro del yelmo del guerrero, como una flor naciente, que pone en el alma del Cid dulzor y miel".

Es una buena crítica al reportero Barbey, por parte del romántico poeta de León, de Nicaragua.  


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sábado, 3 de febrero de 2024

El palomar de Mellanzos, por Carlos Tejerina

 *

Foto de Levic Campos

El palomar de Mellanzos

Siempre está!... Permanece mirando al camino desde su erial, sin revuelo de palomas, carente de su arrullo en los "niales", todavía en ellos alguna pluma que nos acerca el recuerdo del "calor hogareño" que abrigaba a los pichones. ... Todo eso le falta.
Hasta sus dueños se han ido. Con el deseo de mantenerlo acompañado de vida, volvieron en su día a protegerle con la tradicional y humilde cal y le llenaron de palomas que volvieron a alegrar el paisaje con sus arrullos y el arabesco de sus vuelos.
Todo quedó en una ilusión. El necio afán de aniquilar porque si de las escopetas arruinó el último intento de esquivar el declive del palomar. Las armas nunca fueron compatibles con la cultura.
Solo le queda el estoicismo más descarnado que mantiene orgulloso en una aplicable lección de resistencia. ¡Aquí estoy! Parece advertir con alegría al caminante, que, tras una mirada indiferente, le deja de nuevo en su soledad.
En sus buenos tiempos significó un lugar importante para una directa relación del campesino con la naturaleza. Ahora, si no se le ocurre a nadie convertirle en una ruina llevándose sus tejas, con su presencia seguirá hablándonos de la historia de la tierra; esa que paulatinamente se va hacia la tumba del olvido.
Algún día, quizá, alguien, sacudiéndose la vida urbana, se acerque al palomar a interesarse por aquella forma de vivir que ha quedado perdida en la niebla del tiempo.
Mientras eso ocurra, o no, seguiré desde el camino dedicándole una sonrisa de agradecimiento por su presencia.
(Carlos Tejerina)
Todas las reacciones:

domingo, 21 de enero de 2024

MASTICAR, BALBUCIR, RUMIAR...


 Un año "masticando",

algunos años de "balbuceos"...
y muchos años "rumiando"...
A los "masticadores" ¡¡¡Felicitaciones!!!
(y a Mercedes González Rojo en su representación)

***

*MASTICAR, BALBUCIR, RUMIAR*
No se si sólo estamos hablando de "masticar letras". Sería una expresión muy corta.
Masticar - mascar - es triturar la comida con los dientes, la boca y la lengua, para que nos sea provechosa. Y creo que eso sólo no nos basta para tragar, pues la palabra debe ser el resultado de una idea ensalivada, por nosotros mismos, y por otros.
La palabra no sólo debe quedarse en un "mandar" (movimiento de mandíbula), o en un grabar algo en la memoria y consignarlo por escrito para perpetuarlo, con el mero afán de "domar al otro con ansia"; es decir: masticar. Pues corre el riesgo de quedarse en algo "mascado"; y muchas veces en balbuceos: "expresiones oscuras dejando a medias las palabras" (Cicerón). Porque balbucear es decir una palabra con pronunciación entrecortada y vacilante, trastocando el significado, y en especial - por ello - la idea.
Creo que deberíamos hablar de "rumiadores de palabras", en el sentido más profundo y más rico. Rumiar es masticar el alimento por segunda vez, volviéndolo a la boca; es considerar despacio y pensar con reflexión y madurez; es pensar para si, meditar; "es volver a decir, repetir de nuevo lo que hasta puede no ser nuevo" (nihil novum sub sole) (Virgilio)".
(agf)

viernes, 19 de enero de 2024

"Cada noche la luna toco", un cuento para niños

 

Asunción Carracedo, la encantadora de niños

 en Mansilla de las Mulas

*****

Ser escritora – y sobre todo contadora – de cuentos para niños (y para no tan niños) tiene mucho de ser encantadora, portadora de magia. Y con algo tan sencillo, de diario, como son las palabras.

A pesar de que las palabras no tienen nada de sencillo y de fácil en los cuentos infantiles; comenzando por los títulos. Aunque todas ellas sean usadas a diario, las palabras deben estar ordenadas – en el cuento y en el título – de una forma especial, para que nos entendamos los niños de todas las edades.   

Por ejemplo: una frase bien armada puede ser esta: “Toco la luna cada noche”; pero no resulta atrayente, ni atractiva, si la ponemos en un título. Es tan vulgar decirlo así, que incluso los niños más mayores la rechazamos. No nos atrae nada.

Probamos a decir “Toco cada noche la luna”; y nos queda aún un gustillo en la punta de la lengua parecido a ese jarabe de la tos que nos obliga a tomar la madre, o la abuela.  Y lo escupimos casi de inmediato.

Damos una vuelta más al título, como hace Asunción la encantadora, y aceptamos de inmediato “Cada noche la luna toco”. Este título es tan raro, tan poco ortodoxo en la sintaxis…; pero nos provoca un salivado de gusto y de ganas de leerlo o escucharlo.

En el verano del año 2016 Asunción Carracedo llenó una tarde con la magia de los cuentos para niños en Mansilla de las Mulas, lugar ya de por sí mismo mágico y de leyendas, y de “oyendas” tan especiales.

Se cuenta en un libro de cuentos religiosos que existe (o existirá ) un reino , al que sólo se puede (o se podrá) entrar convirtiéndose y portándose como niños.  Toño Morala y menda no creemos mucho en esos cuentos; pero aquella tarde en Mansilla gozamos como niños, os lo aseguro. 

Un cuento infantil tiene mucho de poema. 

(agf/2mil24)

 

viernes, 26 de mayo de 2023

en espera de un "nasciturus"

PRECESIÓN RETÓRICA…en espera de un “nasciturus”


En esto de la poesía - la de los otros, e incluso la mía, bien modesta - me gustaría que me recordaran por ser un buen "espigador". En toda la buena, profunda y redonda extensión de esta palabra.

Precesión, en retórica: ¡Cuantas bocas hambrientas...

han dejado de serlo!

(la precesión, lo que se deja incompleto; pero que se sobreentiende muy bien es: “gracias a las "espigadoras”).

 

En retórica, la precesión es la enunciación de una frase, que se deja incompleta para que se sobreentienda su significado.

Algunas segadoras, después de que los hombres con más fuerzas cortaran - a veces sin cuidado - las plantas de los trigos, "se quedaban a la espiga". Era una faena ardua, y poco agradecida. Era esperar a lo último, a lo que dejan los demás, para aprovechar los desperdicios. Pero había espigas ricas de granos en todos los rastrojos; y era preciso y necesario aprovechar esas riquezas.

En algunas formas de hablar de nuestros mayores, espigar era tomar de uno o más escritos; era rebuscar, acá y allá datos que interesan; y algunas veces espigar era crecer notablemente, "llegando a ser muy espigado".

Precesión viene de praecessio, y de praecedo, ere: que es la acción de preceder, anteceder, ir delante, dejar atrás, aventajar, superar. Incluso haber nacido antes; es decir: ser más viejo.

*** 

Félix Maraña, lector empedernido, estudioso, colibrí de lo clásico y lo esencial, crítico, articulista, periodista, editor… es - a estas alturas de su vida provechosa - necesariamente, un gran “espigador”.  Como eran sus mayores antecesores  – y los nuestros – que sabían rebuscar, espigar obras y escritos anteriores y coetáneos, para crecer personalmente; dejando atrás , sin dejarlo, lo que recibía para seguir adelante; aprovechando todas las espigas escondidas y olvidadas, recopiladoras de todas las riquezas escondidas en los rastrojos más modestos y aparentemente insignificantes. 

 Hablando de Félix Maraña, podríamos escribir esta precesión retórica:                              ¡Cuantas bocas hambrientas...(1)

                                                                         han dejado de serlo!

(1.- la precesión - lo que se deja incompleto, pero que se sobreentiende muy bien -  es: “gracias a que Félix ha sido, y sigue siendo, un gran "espigador").

  Félix Maraña nos precede, nos antecede, nos supera; e incluso parece haber nacido antes, sin ser tan viejo; pero sí sabio. 

Tengo muchas ganas de “espigar “ sus “sonetos y soñetos” anunciados,  para admirar ese Bosque de árboles no repetidos. Sin duda, irrepetibles.

Me dice Félix que aparezco yo en “su bosque” y me da alegría; y es un honor de amigo. Espero que un servidor sea, o aparezca,  a la sombre de un árbol no repetido. Grande o pequeño; pero irrepetible. Un "silvar del Priorato", por ejemplo.  

 

                                                    agf/mayo2mil23 


domingo, 15 de enero de 2023

POEMAS DE OTROS : 6.- HELENA





6.-
Me encontré con Helena, la que vende el pan,
en la calle estrecha como sus medias negras,
la que invita al viaje.

                                        Helena,
tengo hambre de árboles, hambre de piedras.
El cielo siente nostalgia por el cielo. La tierra está seca.
Necesita lluvia, tu pura lluvia.

                                                       ¿Brotará
el agua de tus pechos de azucena,
para que el árbol seco no muera?

                                                              ¿Podrías
tú levantar el olor del pan
hasta la azotea, hasta un país lejano
y eclipsar las rapsodias de Homero?

                                                                    Helena,
qué crueles eran los griegos, (en la plaza salvaje,
el olor se hizo añicos), qué estúpido era Ulises, errando
por puro placer en la rosa de fuego.

                                                            Y Helena responde:
la guerra de Troya no tuvo lugar,
no existió nunca, no.

                                        Pero sí la lluvia, 
la pura lluvia, brotó de mis pechos de azucena,
en la calle estrecha como mis medias negras,
donde vendo el pan.

                                                              

                                                                        
                                                      
        Del libro "EL ATLETA DEL ABISMO", de Antonio Ángel Agudelo
                                                                                          CATORCE BIS, 2019



domingo, 24 de abril de 2022

ESTO NO ES NADA

 *


A propósito de
"Esto no es nada" (1)
(un poema de Ángel González):

tres poemas míos:

a)
Si aprieto la madera entre mis manos
conseguiré la tierra;
si me destripa entero la tierra leve
llegaré a ser agua;
si fuera capaz de evaporar(me) el agua
me quedaría en la nada.
Pero, afortunadamente, soy luz.
pues "vieron los dioses que la Luz era buena"...

b)
no sé si soy agua
o soy luz.
un fluido bendito
me sube como la lluvia,
en la llama;
y me inflamo en luz de azahar.
bailo el agua: la adulo.
y saco la energía de donde menos lo esperaba:
de la piedra.
ella, la fuerza - o la luz -
es la que me hace visible
lo invisible.

c)
soy luz.
lo sé. aunque mi cuerpo diga
que es, - ocho de diez -, agua derramada.
se licuará mi carne,
cuando se vuelva pocha;
volverán mis huesos al polvo
en mis cenizas esparcidas en el viento.
algún gusano hambriento
protestará, y mutará a luciérnaga
en una noche de julio,
entre las ramas del seto de lauro
de mi jardín... ¡ay, noche templada!
y una luz (mas una luz serena)
anochecerá, brillante, en la esquina
que tengo reservada
en esa mi Vía Láctea
que se enciende, y se enciende, y se enciende...
y que nunca se apaga.
© agf

NOTA (1):

Enésima reclamación médica, y una nueva tomadura de pelo recibida.

Si el SISTEMA SANITARIO  no funciona,  cambiemos el SI S TEMA.          una "segunda opinión" que se da sin seguimi ento ACTUALIZ...