Mi amada es un violín que me hace bailar... eternamente.
Mujer y música.
O al revés.
Mi amada es un poema interminable.
Música y baile. Así, así es.
Mi amada es una inquietante poesía.
Música, boca,
y mirada
de mujer... como una peonía.
Es verdad.
Como es veraz
la peonía,
aunque no tenga olor.
Mas me atrae - yo arrebolado de rubor -
irremediablemente
el color
de sus mil pétalos apuntando siempre a mi corazón de hombre.
Violín, baile, poema, boca, mirada, flor... hombre,
y mujer.
Mi amada es un violín que me hace bailar... eternamente.
Baila mi corazón,
mientras mis pies bailan.
Mi amada es un violín...
A veces lo que sobra nos inunda, y nos ahoga. Yo prefiero los charcos, tras la lluvia. Ellos son cielos diminutos; jirones de añiles, - de azul oscuro con rotos de violeta -, y de nubles blancas, que asoman por las grandes ventanas de azabache. Lo excesivo, siempre, sumerge y hunde las casas; y se lleva, a raudales, hasta las propias lágrimas. Yo prefiero los charcos, tras la lluvia…
El día 22 de julio pasado celebramos en la explanada del Monasterio el
SEGUNDO ENCUENTRO POÉTICO EN SAN MIGUEL DE ESCALADA
Nos deleitaron con sus poemas tres grandes poetas, y amigos:
Raquel Lanseros
Vicente Gallego
Luis Artigue
En el enlace de arriba, hemos puesto ahora un regalo, sobre todo para los que no nos pudieron acompañar aquella tarde. Hicimos este libro-recuerdo, con algunos de sus poemas, y lo hemos colgado en esta red. También disponemos de algunos ejemplares en papel, para los que gustan más de saborear el placer del libro clásico. Quien esté interesado en recibirlo, puede pedirlo en esta dirección de correo electrónico:
Hace algún tiempo ví una película sencilla, pero maravillosa: "La vida es bella"; cuya alma mater es, sin duda, Roberto Benigni. Mejor dicho: Guido. Ese Guido alocado, y enamorado de Dora, a la que adora desde el primer momento de conocerla. Su adoración es sencilla, pero maravillosa. La mejor frase de amor, repetida hasta la saciedad, es: "¡Buenos días, princesa! Dora y Guido tienen un hijo: Giouse. Un niño extremadamente listo y vivaracho, que los hace muy felices. Guido es judío, y tiene una librería , donde los nazis le obligan a poner un cartel como este: "no se deja entrar ni a judíos ni a perros". ¿Cómo explicar eso al hijo de un judío?. Guido, desde su sencillez y su locura,- y también desde su alegría contagiosa y enamorada -, lo hace así: - A ver, dime: ¿qué no te gusta a tí?
- Las arañas, papá. - Pues a mi no me gustan los visigodos. Así que pondremos un cartel muy grande en la librería que ponga "no se permite entrar ni a las arañas ni a los visigodos", ¡que a mi me caen muy mal!…
Las peripecias de la película son dramáticas. Deberían ser tristes, necesariamente. Pero Guido las hace divertidas. En todas las situaciones, – sobre todo en las malas -, salta esa frase de amor. Por todas partes: ¡Buenos días, princesa!
A mí me caen muy mal los visigodos, las arañas y los nazis. Y me encantan los perros; y las judías verdes, con tomate. Y también me gusta mucho la vida sencilla y loca. Adoro a Dora. La tengo, a pesar de todas las peripecias de la vida. Voy a aprender a decirle cada día; en todas las situaciones; por todas partes; y hasta la saciedad : ¡Buenos días, princesa!
Encabruñar (o cabruñar) es adelgazar el corte de la guadaña con un martillo, golpeándola sobre el yunque.
"Cabruñar" tiene su origen en el verbo latino "clavuneare", probablemente debido a la semejanza de el yunque de los "fierros de cabruñar" con un gran clavo ("clavum" en latín). Así, procedería de “clavuñar”, derivado de clavar; con un paso intermedio: “cravuñar”; para desembocar en “cabruñar”, o en “encabruñar”.
Sonoramente, a mi se me antoja parecido a bruñir; que es pulir, pulimentar, dar lustre. Recuperar lo romo, lo achatado, lo desgastado por el uso. O por el desuso, diría yo. Darle la capacidad de ser afilado nuevamente...
Esta acepción (casi fantaseada) me parece hoy una parábola. Todavía vuelven los hijos de esta tierra a los hogares paternos, a afilar las hojas de la nostalgia. A clavar en su memoria - o con su memoria, mejor dicho - esa raíz que les nutre desde la tierruca. Y a segar cada verano la era y el huerto de sus antepasados...