lunes, 3 de noviembre de 2014

¿... la rebelión de las minorías?



 LA REBELIÓN DE LAS MASAS...
¿o la rebelión de las minorías?

Si Ortega y Gasset volviera, quizás cambiaría el enunciado de su pensamiento y de su mensaje. En "La Rebelión de las masas", a los hombres los divide en MASA y MINORÍA; pero con unos conceptos que el siglo XXI ha superado. 

Para Ortega, la "masa" engloba a lo general, y sobre todo al hombre medio, que se siente reaccionario, e incluso revolucionario. Se siente con derechos y atribuciones, y por eso los reclama. 
La "minoría" de Ortega se ciñe a un pequeño número de hombres dentro de la colectividad, que se consideran a sí mismos destinados a dirigir y orientar a la masa. La minoría es exigente consigo misma, pero sobre todo con la masa, a la que dirige y gobierna. Y en esa función desea perpetuarse.  
La "minoría" que nos dibuja Ortega ha evolucionado a través del disfraz democrático del parlamentarismo, y ha ido sumando atribuciones y derechos para sí misma, a veces insospechados. Y se ha ido transformando en una masa camaleónica y sin escrúpulos. Y así ha venido creciendo de forma monstruosa hacia los colectivos impersonales que llamamos "partidos", que con sus falsos mensajes han llegado a convertirse en masa. Pero una masa que poco tiene que ver con la generalidad de lo común, y de todos sus bienes colectivos. 

Para seguir sobreviviendo, esta nueva masa ha impuesto leyes partidarias, cocinadas a su gusto y antojo. Ha pactado unos cambios de cara superfluos, teatrales, cada cuatro años, con el único afán de perpetuarse con distintas caras. 
Las "minorías" actuales son justo lo contrario de la idea de Ortega. Son ingentes masas de hombres y mujeres que se han sentido maltratados por las clases superiores. Superiores en el poder y la prepotencia; pero inferiores en los valores necesarios para un buen desarrollo de la convivencia en una sociedad verdaderamente democrática.. 
Las minorías han ido creciendo en número. Y últimamente en conciencia. Esto último de una sorprendente manera que hasta hace poco era insospechada para la dirigente masa amorfa establecida. 

Y en esas estamos. La "inmensa minoría" está cansada. Y por otro lado está informada;  aunque a veces lo sea de una forma muy superficial, porque este siglo XXI no está para muchos pensamientos.  Ni para muchos pensadores.  

¿Es este el momento de la rebelión de las minorías?. Bien pudiera. Pero conviene no volver a los disfraces. El sistema que nos ha traído hasta aquí es puro teatro. Y hay que romper las máscaras.  Pero hay que subir a la escena. ¿Y cómo podrán subir estas minorías al escenario?  Indudablemente, a través de los "pactos" honestos, de los "consensos" generales en lo importante. Sin mirarse a los ombligos. Y sin pensar en perpetuarse. Si de esta vez somos capaces de llevar a cabo tal revolución, estaremos salvados. 
De lo contrario, ¡¡¡que Dios nos coja confesados!!!

(agf/03.11.2mil14)

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