miércoles, 23 de abril de 2014

he perdido un imperdible


¿Alguien me puede decir a quién puedo reclamar? ¡¡¡He perdido un imperdible!!!
Si lo hubiera comprado por aguja, alfiler... incluso fíbula ... quizás no tendría derecho. Todas esas cosas llevan implícito lo imposible de su busca. No las busques nunca ni en los ojos de los puentes, por donde se arrodillan los camellos; ni en los pajares, donde se salpican de heno los novios; ni en los correajes de romanos, que se convierten en una pura ruina entre las ruinas...
Pero, - crédulo de mi - confié en el sustantivo; y hasta en el adjetivo. Y llevaba abrochado en él un montón de cosas; alguna muy íntima:
- una medalla de mis hijos, cuando eran niños;
- un trozo de la corbata de mi boda, que me hicieron añicos mis amigos (nunca entendí esa absurda gracia de las bodas...);
- un simpático pin, con el gallo de San Isidoro, dorado y presumido;
- y un pincho de ordenador, de esos que cargan en sus tripas un montón de memorias...
Ah, y ahora que caigo... llevaba colgado en él cierta inocencia. Lo había comprado a un charlatán, en una feria. En el mismo lote me largó, con el dichoso imperdible: seis bolígrafos de tinta indeleble, un peine para calvos, dos cajas de mixtos, un afilador de cuchillos eléctrico... y un libro de refranes y sainetes. ¡¡¡Lo que me he reído!!!
Ahora lo siento. Sobre todo porque hoy es el "Día del Libro"... Hace algunos años, el Ministerio de Cultura puso de moda un eslogan que decía: "Un libro ayuda a triunfar". Algunos cachondos añadían: "...dos, es pasarse"...
Pues, eso: no volveré a comprar nada "perdible". De ahora en adelante iré a la Biblioteca. "Una vez a la semana, que es costumbre muy sana"... O dos, quizás. Incluso más. Hasta que pierda esa manía de fiarme de las palabras embusteras...

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