domingo, 9 de octubre de 2011

la muerte natural

La muerte natural

Antes, morirse de "muerte natural" era lo más "natural" del mundo. Porque la muerte es lo más conforme a nuestra naturaleza.  La expresión tenía una inmensa carga de sensibilidad, que resaltaba el sentido de serenidad ante el final ineludible (que no es lo mismo que la resignación)...  Llegar a viejo y morirse, tras una larga vida fecunda, era el suspiro de los hombres conformes. Y más si al final se tenía una "buena muerte".
Ante la muerte se necesita tener una gran ración humana de serenidad. Y también de humor. Aunque a este humor lo hemos calificado siempre de negro; como a la muerte, que siempre la pintamos de ese color.
 Recuerdo que mi abuelo paterno, cuando sabía - o hacía saber - la noticia del fallecimiento de alguien conocido,  - y hasta querido -, decía con una filosófica socarronería: "...al pobre hombre - o mujer - "se le enfrió la boca".  Y es que al final,  eso es lo que es la muerte: enfriarse la boca, porque deja de pasar el aliento caliente (que algunos pueden/podemos llamar alma) que viene desde el corazón.
Hasta los partes médicos tienen mucha gracia (¡maldita, la gracia!), cuando dicen que "falleció por un paro cardiaco". Eso es lo que hay.  

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