viernes, 7 de octubre de 2011

El Capitán Trueno


 El Capitán Trueno tiene mucho de Peter Pan, pero que sí quiso crecer…
Hace unos días, estaba yo almorzando en un restaurante leonés, en  la Avenida de los Cubos, con toda mi familia más cercana, y dos mesas más allá nos encontramos con el grandote Goliath de los tebeos, vestido de paciente padrazo bonachón. En la realidad es más pequeño, como suelen ser las fantasías cuando se hacen carne y hueso. Más hombre normal, acompañado de su esposa (supongo), y de dos niñas inquietas, que obedecían con cierto respeto al grandullón. El Goliath de los tebeos, amigo y escudero del Capitán Trueno,  se había vestido con vaqueros, a lo Manuel Martínez, ese que fue gran atleta leonés, lanzador de pesos exagerados...  Estaba allí, comiendo en platos normales, y con cuchara y tenedor. 
  
Recientemente se ha cumplido el primer medio siglo de vida cosas tan anodinas, por lo banal, como el toro de Osborne, T.V.E., ó El Capitán Trueno.(¡50 años: casi na!)… Pero esta última, para mí, no es una efemérides insustancial o insignificante. Quizá sea un poco pueril; pero no en el sentido despectivo, sino en el mejor de los sentidos: de infantil. Porque a veces, – muchas -, tan sólo los niños alcanzan a tener el sentido más común, que es: la imaginación.
Yo casi nací con él. Con El Capitán Trueno, quiero decir. Y la verdad es que con él nací, – sin el casi -, a la lectura, a la aventura fantástica, y a la imaginación. Lo recuerdo con una nitidez y una limpieza inusitada en mi memoria de hoy, que vuelve a ser infantil.
Estaba todavía descifrando en las cartillas de la escuela que la con la a era ma; y que repitiendo el ejercicio y la canción, sonaba la palabra más hermosa: con tilde, y sin acento… ¡qué más da!. Estaba, digo, aprendiendo a decir con los ojos: mesa, misa y musa; y a llamar a la hermana, tatareando… ( y mira tú, que con los años llegué a saber que es lo mismo que tarareando!); y a saborear el tomate… ¡que ya es hora de dejar la teta, diablo, el rapaz!… Estaba, digo, aprendiendo a leer, y a escribir con palotes; y sin embargo ya sabía leer Goliath. Y Trueno, y Sigrid. Y Crispín…
Ay, ¿donde estarán hoy los cuadernos del cómic más entrañable de ni niñez?. Me queda el recuerdo nítido, y el sueño claro de las imágenes creadas por la fantasía.

Siluetas:
El Capitán Trueno:
Caballero, fuerte, simpático, lucha con noble idealismo por la justicia, la libertad, la fraternidad, la paz . Defensor de los débiles, si algo se le puede reprochar es que nunca tiene una flaqueza. Jamás tiene nada que reprobarse… Es el hombre que se reprime constantemente para estar a la par con los ideales que defiende. Demasiado perfecto, diría yo. Demasiado "persona mayor".

Goliath:
Mi personaje preferido, por su simpatía, y por su imperfección. Es un tragaldabas que no puede pasar más de una hora sin comer. Si hay algo que le guste más que la comida es una buena bronca, en la que hará uso de su toma-toma, o demostrará a sus contrincantes por qué le llaman el Cascanueces (la cosa tiene que ver con las cabezas). Si hay alguna mujer gorda que se cruce en su camino, ésta se enamorará perdidamente de Goliath, lo que le costará más de un disgusto. Pero, por eso no deja de engordar. Ja, ja, ja.



Crispín:
Es el personaje más joven. Es hijo del conde de Normandía, pero, al morir su madre, es dejado bajo custodia del Capitán Trueno y de Goliath, convirtiéndose con el tiempo en escudero de Trueno. Las bromas entre Maese Goliath Caballero Crispín son de los episodios más memorables. A medida que va creciendo se va convirtiendo en un verdadero donjuán con las muchachitas de su edad y cada vez adquiere mayor protagonismo, llegando a correr aventuras por su propia cuenta. Es el espejo de los adolestentes, que quieren volar solos en la vida.

Sigrid:
Todo caballero ha de tener una dama, y El Capitán Trueno no iba a ser menos. Sólo que en este caso, además de ser constantemente raptada es algo más. Sigrid es reina de la isla de Thule, y no es la típica damita que espera en el balcón de su castillo la llegada de su amado. Acompaña en muchas aventuras al trío protagonista, convirtiéndose éste en cuarteto; y en más de una ocasión les salva la vida a los otros tres; algo que era inconcebible en los años en los que nació El Capitán Trueno. Además de esto, también fue revolucionaria en otro detalle:Sigrid y Trueno conviven juntos, aunque siguen sin casarse… duermen en habitaciones separadas, y son considerados casi como matrimonio, pero no están casados. Toda una revolución.


Pues, por todo esto, voy a felicitar hoy al Capitán Trueno. Y a mí con él. Y a sus creadores, de los que nada personal había sabido hasta hoy. Y es que fueron dos: Victor Mora, el creador de los guiones fantasiosos; y Miguel Ambrosio Zaragoza, "Ambrós", el re-creador de los dibujos, con más imaginación… 


En estos días van a estrenar una película - en la que Manuel Martínez hace de Goliath -, que,  por supuesto, no me gustaría perder. 


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