lunes, 26 de septiembre de 2011

cuando la sombra de los cipreses no es alargada


Nada hay tan inseparable de mí como mi sombra...

CUANDO LA SOBRA DE LOS CIPRESES NO ES ALARGADA:

Fragmento de "La sombra del ciprés es alargada", de Miguel Delibes:
«En este período y durante todas estas peripecias continué viviendo como siempre, sólo para mis adentros. La vitalidad externa no podía conmoverme porque no la conocía; rechazaba todas sus posibles tentaciones y llegó un momento en que creía cosa sencilla seguir sin titubeos la línea que me había impuesto de antemano. Soportaba una existencia obtusa, roma, sin prominencias. Claro que tampoco las añoraba. Me había hecho a vivir así y cualquier pasajera variación me desazonaba revolviendo en mi alma el poso de mi pesimismo. De esta manera casi logré el punto de estabilidad que buscaba de tantos años atrás: vivir autónomamente, sin conexiones cordiales, sin afectos... El único nexo que me ataba a mi pasado era el recuerdo de Alfredo y la casa de mi maestro con la preciosa carga de sus habitantes.» (p. 201)".

Cuando la sombra de los cipreses 
no es alargada.

Los cipreses son altos, largos, agudos, punzantes... como la muerte. Y su sombra es alargada. Muchas verces, casi todo lo anterior en grado sumo, cuando nos dejamos ahogar por la vida sombría que nos rodea. Sombría y umbrosa, diría yo. Pero si logramos remontar el vuelo por encima de las crestas de los cipreses, montados en el globo tranquilo de la esperanza, la sombra proyectada no será alargada. Nunca será alargada. Será redonda, rotunda. Con esa redondez que da la mirada optimista, que proyecta en los demás los alborozos de la confianza...


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