jueves, 25 de noviembre de 2010

el encuentro de la pistola



Comienzo por poner aquí un vídeo de:
VARIACIONES SOBRE UNA PISTOLA Y UN CALENDARIO...


Luego colgaré el extracto de "Historias de un monaguillo", de donde viene mi inspiración...¿O es al revés? (ambas son mías , o yo de ellas).

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Este es el extracto:


(en la casa vieja de la tía Águeda)...
Las manos del chicuelo ordenaron la mitad del cajón de cachivaches; y tropezaron en el rincón derecho, allá en el fondo, con una caja de tablillas, revestida de un papel de seda que estaba decorado por la figura de una pareja de maragatos con el Teleno al fondo. La cajita tenía en su cintura una goma reseca y apretada que al mínimo tirón de los dedos del niño se rompió. El chico levantó la tapa de tablillas, y sus ojos se agrandaron como platos, abiertos todavía a una mayor admiración. Allí estaban el revolver del capitán Cosío y las tres estrellas, ligeramente enmohecidas. El niño no se atrevió a tocar ni el uno ni las otras. Sólo escudriñó con la mirada, sin perder un detalle: la empuñadura negra, de hueso, con el dibujo de un escudo y dos iniciales remarcadas muy cerca del anillo; el gatillo, en el medio del agujero oval que recortaba el guardamonte; el tambor de seis balas, con los huecos de los cartuchos abultados; el percutor; el alza, el largo cañón, y el punto de mira en el extremo...


El muchacho sucumbió a la atracción de la pistola, y la cogió en sus manos, notando, sorprendido, el gran peso del arma, a pesar de su tamaño diminuto. Acarició con sus deditos temblorosos el tambor, que giró lentamente. Tiró hacia atrás del percutor y cogió fuertemente el revolver por la empuñadura, con el brazo estirado y puesto a la altura de los ojos. Guiñó el ojo izquierdo y buscó una línea recta entre su pupila, el alza, el punto de mira al final del cañón y un punto del reloj en la pared, que seguía caminando... El corazón del niño ganaba al reloj en el tic-tac. Y el dedo índice, que descansaba en el gatillo, estaba temblando inusitadamente entre el miedo y la osadía.

La voz de la abuela sonó en el corral como una explosión, llamando a gritos al muchacho. Éste bajó el revolver hasta la caja de tablas y de papel de seda, y respondió, tembloroso, sin conseguir reaccionar:
- Estoy aquí . - al tiempo que aceleraba sus manos en un intento de dejarlo todo recogido y ordenado.
La abuela había subido la escalera y había abierto el zaguan, repitiendo:


- ¿Dónde es aquí?, ¿Dónde es aquí?. Ah, diablillo revoltoso. Este era tu secreto y tu interés desde hace unos días, eh. ¡Gandul!. Deja todo como estaba, y márchate ahora mismo.


El niño obedeció, sin rechistar. Le hubiera gustado preguntar tantas, tantas cosas sobre Águeda... Pero pensó: "Otro día será. Que hoy puede haber tormenta"...
(Historias de un monaguillo/ A.G. 1998)
 

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