viernes, 26 de marzo de 2010

Esla: un río de posibilidades...


Se abre esta "ventana" como un mirador de desahogo. Un alfiz por el que entre una ráfaga de aire puro. Un mural en el que todos podamos poner nuestros comentarios, protestas, ideas, planes y sueños; todo aquello que pensemos que pueda llevar a mejorar la comarca del Esla, a revitalizarla de un modo u otro. Ahora, que parece que por fin (?) las autoridades locales, encabezadas por la Alcaldesa de Gradefes, se deciden a retomar una idea lanzada hace tiempo por otras personas: "La Ruta de los Monasterios".
Ya es hora de que se oigan otras ideas; de que todos den su opinión, a favor o en contra; y de esa forma se podrá llegar a un entendimiento común.
Animamos a todas las personas, a las autoridades, a las instituciones, - tanto locales como provinciales, políticas y culturales -, y sobre todo a aquellos que por su profesión entiendan más de esto, para que desde esta "ventana", expongan sus ideas; y para un cambio de opiniones, siempre desde el respeto que todas ellas merecen.
A la Ribera del Esla le corresponde. Tiene activos suficientes para ello: el mayor número de monumentos de todo León, (alguno de primera línea); y están ahí, esperando, que alguien, desde algún estamento oficial se decida a su restauración, a su arreglo, a su presentación en sociedad para que todos los disfrutemos. Y aparte de monumentos, tiene "un río de cosas".
Esperamos vuestros comentarios y vuestras ideas. Podríamos hacer "una especie de registro oficioso", - ¡pero serio! -, de todas las ideas, planes y proyectos. Con copy right para todos los autores.
El Esla es un río de posibilidades.

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He tomado prestado un llamamiento reciente en Facebook, que habla de la comarca del Esla. Tiene muy buena pinta. Pero habrá que esperar a ver su autoría, sus intenciones, sus fuerzas, sus apoyos, su resonancia... Y su perseverancia. Y, sobre todo, a sus obras. Y es que todo esto me suena a cosas de mucho tiempo atrás. Y no es por querer echar un jarro de agua fría. Porque de jarros de agua, - tíbia, que es casi peor, pues la tibieza es el peor de los pecados (ya lo decía Jesucristo) -, de chaparrones y de olvidos, digo, tengo yo a montones... Hasta escritos en los papeles, de hace 12 y 11 años. Como estos:

Primavera en Escalada

En este mayo caluroso nos llegó la primavera, escondida entre las nieblas matinales del anchuroso Esla.
Desde el rincón de calma mozárabe de nuestro Monasterio de San Miguel de Escalada, a menudo la ensoñación me aquieta la ansiedad de las vidas alocadas que llevamos todos, sin saberlo. Allí he bebido muchas veces, a sorbitos, (casi siempre a solas), la quietud de sus piedras milenarias, asomando mis ojos a la vega inmensa, ahora vestida con los verdes recientes de la indecisa primavera leonesa; y escudriñando detrás de los adobes de las casas la vida tranquila de la gente. He añorado las glorias de los abades. He soñado con la presunción de los priores. He lamentado los paréntesis ruinosos, - lejanos y cercanos-. He suspirado por recuperar los recuerdos de la historia, para seguir viviendo...
Para seguir viviendo hay que vivir con la gente que vive. (No es una “tonta bobería”, como dicen los canarios). Este mayo, con su primavera camuflada, me lo ha dicho.
Lo de menos es la disculpa de una fiesta, como remate a unas jornadas culturales, que disfrutamos unos locos enamorados de esta tierra y de esta gente. Lo de más es la ilusión de ocho pueblos que viven cada día. No quiero poner aquí nombres de personas. Seguro que el nombre que quizá se me olvidara en el aplauso, fuera el de quien más se lo merece. Por eso, dejadme que diga el nombre de ocho pueblos vivos: Valle de Mansilla, Vega de los Arboles, La Aldea del Puente, Villamondrín, Saelices del Payuelo, Cifuentes de Rueda, Rueda del Almirante, y San Miguel de Escalada... y unos puntos suspensivos, que invitan a otras gentes de pueblos comarcanos como estos...
- Valle de Mansilla vive: con sus dos pendones, su gente sencilla, sus curvas y sus baches entre sebes, y sus nueces...
- Vega de los Arboles vive: con sus modernas vaquerías y granjas, con su juventud trabajadora, y su amistosa vecindad...
- La Aldea del Puente vive: con su mano tendida, por encima del río, hoy sin barca y sin puente...
- Villamondrín vive: con la quietud de sus viejos, a la sombra de la Virgen de Escalada,en la perdida ermita de la Reguera...
- Saelices del Payuelo vive: con su sorprendente juventud, que nos admira; y nos obliga a procurarle un mundo más sencillo y más dichoso...
- Cifuentes de Rueda vive: con su espontaneidad, y sus muchos hijos ilustres, que van y vuelven...
- Rueda del Almirante vive: con su altivez y su sencilla galanura...
- Y vive San Miguel de Escalada: con su gente taimada, y su silencio, y su espera paciente...
Toda la comarca vive y espera. Espera que “alguien” se acuerde de sus pueblos. Que tapen definitivamente los baches, y quiten las curvas malditas. Que pongan guapos los pueblos que sólo saben trabajar. Y cuiden un poco más el Monasterio. Y solucionen el maloliente problema de la basura. Y nos pongan un puente sobre el Esla, para traernos y llevarnos al Payuelo. Y nos lleven la luz al Priorato. Y nos dejen adornar la abadía. Y nos revivan los molinos, y las fraguas, y los hornos, y las tejeras, y los pendones presumidos, y las casetas de adobe de las eras, y los corrales de tapial, y los palomares de barro...
Esta comarca vive y espera. Pero la ruina cercana nos trae, en vaivenes, una cruel desesperanza. Que “alguien” salga de los despacho y venga a vernos. Que venga a matraquear las suspensiones de su coche oficial; a oler la mierda de las alcantarillas en los pueblos; a esquivar las vacas y las zarzas que invaden las curvas, entre sebes; a escuchar las quejas de los turistas, que se cagan y se mean, (con perdón), detrás de la torre románica, o en el sendero que lleva a la fuente de San Miguel; a romper el silencio de la gente huraña, que vive detrás de los portones y los ventanos de las casas de barro...
Que “alguien” venga, aunque no sea fiesta. En esta comarca hay una vida quieta y tranquila, que envidian los turistas. Pero la quietud sólo atrae a los nostálgicos, que miran desde el coche a la gente pueblerina con una envidia pasajera, y se van...
En esta comarca hay una inquietud de jóvenes que luchan, con las máquinas modernas, en los terrenos ocres del monte y en la vega lujuriosa del viejo Astura, que está creciendo, gracias al agua, a los Payuelos. Esta inquietud de jóvenes se vuelve, cada tarde, en ternura (otra vez maquinal), que palpa las ubres prietas de las vacas, cargadas de “blancas” pesetas. Y quieren que mañana sigan siendo “euros lácteos”, para sus hijos, y los hijos de sus hijos...
En esta comarca hay ganas de vivir con los tiempos, y ofrecer a los turistas:
- Un plato combinado, al lado del puchero;
- Una pinta de cerveza, al lado del vino de jarro, añejo;
- Una tarta de helado, junto a la copa de orujo raspante, tras una siesta placentera;
- Una partida de tute, al lado de una música marchosa, en la terraza de la calle;
- Una charla amistosa, al lado de los arcos del cenobio mozárabe;
- Un paseo por el monte y la vega;
- Una excursión en bicicleta;
- Un concierto de ranas en los charcos, al lado de la presa;
- Un murmullo del agua, sosegada y perezosa, debajo de los arcos del molino;
- Una noche de estrellas y de grillos, en la cuesta;
- Una conferencia cultural, en la vieja casa de concejo;
- Un concierto de música polifónica;
- Una “trilla” festiva;
- Una pastorada en Navidad;
- Una exposición, con las entrañas de las gentes del pueblo...
Para algo de todo eso, necesitamos una carretera transitable y segura; un puente sobre el río, hasta La Aldea; unas calles urbanas, amplias y limpias; un entorno del Monasterio cerrado al tráfico de coches y autocares, y abierto al paseo y al descanso; y un servicio.Y la luz eléctrica... Y la ayuda, y el aplauso, y el permiso... Y las prosaicas “perras”: las aprobadas, las proyectadas, y las merecidas...
Que “alguien” venga a ver nuestra comarca. Aunque no sea fiesta. ¡Es primavera!

(A. García Fernández (publicado en La Crónica de León/Opinión, el 25.05.1998)

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Otra primavera en Escalada

“He aquí una tradición leonesa que comienza el 9 de mayo de 1948, primer domingo después de la fiesta de San Miguel Arcángel, titular de la iglesia y priorato de San Miguel de Escalada”. Así escribía Don Mariano Domínguez Berrueta, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y cronista de la provincia de León, en su memoria de Notas Diocesanas de ese mismo año 1948.
El citado cronista comenzaba su reportaje con un negro y desalentador pronóstico, - lamentablemente certero-, al señalar que llegaría “su final en el sepulcro del olvido, donde al decir del clásico se ayuntan los acabamientos con las novedades”.
Pero yo hoy, 9 de mayo de 1999, quiero decir que Domínguez Berrueta, al final, se ha equivocado. Aunque hayamos tenido que esperar a que pasaran cincuenta años de silencioso olvido.
En esta tierra leonesa los inviernos son crudos y oscurecen la vida, en los campos secos y escarchados, casi sepulcrales. Si paseas por el campo leonés en los primeros meses del año, parece que el invierno se hubiera bebido la savia de la tierra. Todo duerme, profundamente gris. Y el frío de los días se da la mano con el abrazo helador de las noches, hasta bien gastado abril. Pero viene mayo, con su cruz, reventona y azul. Y viene el Arcangel San Miguel, con su tridente vencedor del dragón de la muerte. Y ese campo leonés se transforma, inusitadamente, coloreando la vida nueva por doquier.
El invierno plomizo es el olvido. Pero el arcángel se asoma por el cielo, entre las nubes. Y de su espada viva destella un arco iris de renovados guiños a la vida. La primavera es blanca en los espinos y en los cerezos. Es azul en los lirios. Es roja en las sangrantes amapolas de los trigos. Es verde, en la exhuberancia de la vega, con sus lanzas al cielo de chopos y de álamos. Es amarilla en las aulagas punzantes y en las humildes escobas de los montes. El arco iris, vivificante, es la memoria de la vida. Y la memoria es la vencedora de la muerte, que es el olvido.
Hoy vuelve a ser primavera en Escalada. Y el agorero cronista de antaño se equivocó. Lo juro. “He aquí una tradición leonesa que revive”, escribo yo, que quiero ser cronista de esta comarca del Esla, histórica, pujante y olvidada.
La primavera de Escalada ha vuelto a ser un arco iris de pendones subiendo al Monasterio por la cuesta de La Perida, en una mañana gris, pero caliente. El sol no quiso estar en la fiesta del Priorato, en este 9 de mayo de 1999, primer domingo después de San Miguel Arcangel. Tampoco el cielo nos envió las gotas de lluvia, que hace unos días fueron alentadoras, gracias al santo sin altar, de estas tierras, San Gonzalo. No hicieron falta ni el sol ni el agua. La explosión de colores estaba en las divisas presumidas de los pueblos, que subieron los recios brazos jóvenes hasta el altar mozárabe de nuestro Priorato. El arco iris de los pendones ha vuelto a ser la memoria de la vida.
Hace un año daba las gracias a ocho pueblos foreros del antiguo Priorato, dejando adrede unos puntos suspensivos, “para invitar a otras gentes de pueblos comarcanos, como estos...”. Hoy celebro que estas gentes hayan venido a presumir con nosotros, y les doy la enhorabuena. Esta comarca vive.
Esta comarca vive y espera. Tiene nuestro Monasterio una iglesia con tres ábsides, que cogen la luz del saliente por los tres ventanillos rectangulares que se abren en los testeros. Y las tres girolas mozárabes “¿tienen?”, - quisiera decir, ay, que “¡tienen!”- tres aras consagradas, cifradas de signos y de fechas. Las últimas obras de restauración del monasterio las retiraron de su lugar. Y hoy la deuda de su reposición se está haciendo histórica, después de demasiados años. “Esperamos” que la promesa más reciente se cumpla, esta vez definitivamente. “La próxima semana comenzarán las obras...”. Esta comarca espera.
El lema de la fiesta de este año, jacobeo, era: “Un monasterio en el Camino de Santiago, un pueblo, una comarca”. Porque esta comarca es también camino. Lo ha sido desde siempre el gran valle del Esla: de astures, de celtas, de invasores romanos, de atacantes árabes, de reconquistadores cristianos, de abades y de monjes... Y es parte del camino de la Europa desorientada de hoy, que busca la guía en el ocaso del finisterre jacobeo, para “orientarse” (¡qué contradicción hermosa!).
Volviendo al altar del ábside central del Monasterio, su piedra sagrada recoge una inscripción que nos cuenta que en ella está depositada una reliquia de Santiago Apostol. Esto nos da derecho a decir que nuestro Priorato es “un monasterio en el Camino”. Así lo reconocen muchos “peregrinos”, que nos visitan, desviándose un poco, cada año. Y así lo hemos querido vocear en nuestra fiesta.
También existen en esta comarca del Esla muchas leyendas acerca de Santiago. En Villanofar, que tiene a Santiago de patrón, cuenta que el santo “matamoros” apareció un día montado en su caballo, persiguiendo a los infieles; y desde una roca que está situada en el lugar de la Penilla, dio un salto milagroso, hasta el otro lado del gran Esla, en el pueblo de San Cipriano de Rueda, dejando en el esfuerzo la marca de las herraduras del caballo esculpida en la piedra. Y allí se pueden ver hoy, todavía. Esto quiere demostrar, popularmente, que nuestros caminos fueron también caminos del santo “matamoros”.
Enhorabuena, Escalada. Y enhorabuena, Esla... por seguir siendo “camino”. Y por seguir teniendo primavera.

(A. García Fernández), publicado en La Crónica.El Mundo.Tribuna de Opinión , el 21 mayo 1999.


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Mas para mí, desde hace algún tiempo, el Esla es un río de sueños...



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