martes, 5 de mayo de 2009

OTRO MAYO EN ESCALADA (¿estaba soñando?)




Hoy voy a contaros un cuento.
No es un cuento fascinante, de esos que me está enseñando en estos días Don Benito Pérez Galdós, al que estoy descubriendo su faceta de cuentista, entre sorprendido y tirulato. Los cuentos de Galdós son fascinantes, porque son como viajes: de la imaginación o fantasía, hacia la realidad. Son admirables!!!
A mi cuento de hoy, me atrevo a ponerle el calificativo de entusiasta; pero en el sentido más íntimo y etimológico de la palabra entusiasta. Veréis:
Entusiasmo viene del griego, enthusiasmós, y significa estar inspirado por los dioses, estar en éxtasis, sufrir -¡qué maravilla!- una excitación emocional bajo la inspiración divina. Textualmente, sería: estar en Zeus, estar en Dios. Y debe ser una cualidad "quasi divina" que tienen los filósofos y los poetas. Yo hoy, - a menos hoy - casi la adivino, en mí...
Comienza el cuento:
Era la hora tercia de los monges. Sería la hora tercia, si tuviéramos monges en nuestro Priorato de Escalada. El día había amanecido radiante, en este monte Gárgamo leonés, en este remanso de paz en la ladera, que dijo el Padre Marcos de Escalada, donde todos los mayos se aparece el Arcángel San Miguel, vencedor de la muerte del olvido de todos los inviernos, y sembrador de sempiternas primaveras amarillas, blancas, azules y verdes,- sobre todo verdes -, por doquier.

En la ribera del río Esla, San Gonzalo había dejado enganchada su capa milagrosa de atravesar ríos, en las copas de los chopos . Y el aliento del viejo Astura se alargaba en unos dedos de niebla, casi hasta los pies del Monasterio.
Se acercaba un hombre cincuentón, desde la cuesta que viene del Parral; escondido entre las blancas flores del espino albar, y el amarillo vivo de las aulagas. Al sujeto en cuestión le gusta rondar al Priorato, como a una novia. A estas alturas de años, y sigue enamorado, lócamente enamorado del Priorato. Le gusta mirarlo y admirarlo desde el garbanzal de La Perida, desde la embocadura del camino del Sorribio, desde la cuesta del Parral y desde la cota del norte, que llaman Cotarrón...
El entusiasta loco hace su ronda, ensimismado; sin reparar en nadie. Llevará ya más que mediada la decena del cinco. Pongamos 58. Porque me cuadra bien. Estaba ya a punto de darse de morros con la mismísima realidad del Monasterio, - que no es lo mismo que morrearse con la amante o con la amada - , cuando entró en escena un viejo loco; dicen que más viejo y más perdidín todavía..., con los número de los años al revés. Era Amado Cancelo, que andaba en su otro éxtasis particular de enamorado.
Se saludaron ambos, sin renunciar a seguir mimando a la novia con sus ojillos, y los rabos de sus ojos extasiados, - o entusiasmados... que ya sabéis lo que es. Se preguntaron por sus parientes, por la rutina de sus vidas, por su querencias... "¡Bien, todo bien!". El más joven le dijo al amado Cancelo: "Perdóname: voy a seguir con la ronda matutina..." Quiso hacerle una especie de invitación al amigo; pero éste se adelantó: "Todo tuyo", - le dijo, sonriendo: con una sonrisa ancha, que le abarcaba desde los ojos risueños a la boca boquiabierta... de la admiración.
El joven, - el más joven, digo - ,se encondió detrás de un inmenso jardín libre de amapolas, margaritas y cardos, para llevar un susto cariñoso hasta las ventanas y los arcos del viejo monasterio. En el ventanal del poniente descansaba, enrollado todavía, el hermoso pendón de San Miguel de Escalada, que escondía la nueva primavera de este año: azul, amarilla, blanca, roja y verde... otra vez verde, verde otra vez...
A la puerta del abad Sabarico, estaba, todavía desarmada de su mástil, la cruz de plata que donaron los abades al pueblo de San Miguel. Es admirable!!!. Y estaba reluciente y presumida. Diría yo que estaba "entusiasmada": llena de Dios. Por un lado: por el lado en el que Dios-Hijo está con los brazos abiertos para abrazarnos. Y por el otro lado también estaba "endiosada", con el ángel más grande de todos los ángeles de Dios: San Miguel, el Arcángel...
Los dos enmamorados,- el de 85 y el de 58 - se bajaron de las nubes, que estaban llenas de querubines, jugando entre algodones blancos... Habían llegado los invitados a la fiesta, y había que saludar.
Si no disgusta a nadie, voy a pasar lista; como en clase de Lectura:
- Es mayo: el mes de las flores. Y la flor de las flores es la rosa. Pues, viene al caso que estaba Rosa Caso, la concejala de cultura de nuestro Ayuntamiento... que acompañaba al señor alcalde... vestida de rosa, claro.
- Por La Junta, estaba don Jaime Lobo; que estos años le toca guardarnos las ovejas de este histórico rebaño mozárabe. Iba disfrazado de oveja, No de cordero, no!.
- Vino un segundo Lobo: don Vicente, Vicente García Lobo; que sabe más de piedras milenarias, y de pueblos entrañables, y de glorias pretéritas, y de olvidos cotidianos, y de esperanzas de futuro... Iba tocado con un sombrero mozárabe: mezcla de árabe, asturiano, leonés...
- Estaba don Ignacio Robles, que se había quitado el don de la corbata, y se había quedado en mangas de camisa, como un Iñaki cualquiera, pero de domingo, sí, claro... por Dios!
- Estaba una mujer de nombre inmaculado; y de apellido Larrauri... vestida de procuradora de paisanos leoneses.
- Estaba el Alcalde de Gradefes, con Rosa... ¡ay, ¿cómo se llama?... vestido de pedáneo.
- Estaba nuestro pedáneo-presidente: Roberto; vestido de lo que és: joven trabajador... vestido de domingo... presumido.
- Estaba Joaquín, apellidado Llamas: llamado "un hombre dulce, que habla poco... pero dulce: de dulzaina"; con dos acólitos que iban con él... tocados con sombreros de fieltro, ay, qué calor!
- Estaba un coro de tres curas; como en las fiestas grandes, de boato; vestidos de calle, primero; y después de monges y de abades, ¡qué primor!.
- Estaba un coro de frailes facundinos (¿o eran marquesinos?), y de monjas gregorianas; disfrazados de idem, haciendo gárgaras, todos...
- Estaba un Prior moderno; casi campechano: como un paisano de estas tierras, o de estos feudos, digo. No tiene nombre rimbombante (Sabarico, Don Juan, Don Pedro...). Resulta que el prior de este año se llama "Jose". Ni siquiera José. Se le cayó la tilde del acento... dice él que fue de la emoción...
- Estaba Amado Cancelo, el viejo enamorado. Y un montón de "anonimatos", que estaban silbando, como queriendo disimular su locura del amor a la tierra, debajo de un "silvar" (serval de los cazadores, Joan), espléndido este año...Todos iban vestidos de muchos anonimatos modos.
- Y estaba yo, vestido de loco Romeo enamorado; con ojos admirados, vestidos de gafas negras, para atenuar la radiante luz de la mañana, que estaba alegrando el corazón...
...
El pendón se había desparramado en la campiña. Y tocaba, como si fuera una campana de seda verdinegra, como un bronce al viento, volteado... a vueltas fiesteras, a volteos.
Recibimos al Prior. En zapatillas de andar por casa. "Jose" nos dió un beso a todos los foreros, en la cruz de plata, sí señor!
Luego rezamos juntos en la nave de mármoles mozárabes; enfrentados a los tres ábsides del saliente, que estaban coronados por el caliente sol de este mayo esperanzador. Es tan fácil rezar aquí!... Y cantamos la misa cantada: la solemne. Y suspiramos por las glorias pasadas, presentes y por venir. Y nos dimos la paz. Porque este sítio es la paz.
Cuando la dicha ya no cabía en nuestras entretelas, el coro de San Marcos nos volvió tirulatos, haciendo gorgoritos mozárabes, leoneses, y universales... Y de las manos, ardientes a estas horas de la fiesta, se nos escapó la paz, en aplausos y vítores. Y de la boca, al final de los finales, un entrañable (desde las entrañas más profundas): ¡¡¡Viva León!!!
Hubo un yantar, que nos obsequió, - de paisano ya - "Jose", nuestro Prior. Y un empinar el codo, con vino del "Priorato" de Escalada, ¡vaya pasada!... Y pastas, dulces. Y un dulce toque de dulzaina, que movía los pies entre las piedras milenarias, entre los guijarros del suelo, entre la alfombra de margaritas y amapolas...
Y el cuento se acabó... ¿Se acabó?
Hubo esta realidad, y tuvo lugar, en San Miguel de Escalada, el día 14 de Mayo

de la era dos veces mil, y seis añitos tiernos del siglo ventiuno.
E tengamos paz!!!
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¿Estaba yo soñando? 
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