martes, 14 de abril de 2009

LA COMIDA LISTA Y LA SOPA BOBA

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"De la mar, el mero; y de la tierra, el cordero"

Hoy hemos vuelto a viajar, en coche, hasta Gijón. Os voy a contar una anecdota, tontorrona, pero que creo que es digna del libro del escritor y humorista Alvaro de Laiglesia, redactor y director de la famosa revista La Codorniz, "Un naufrago en la sopa". El texto siguiente es mío:

Habíamos planeado llegar a la industriosa ciudad asturiana para almorzar. Para almorzar como Dios manda, en un restaurante cálido y limpio. En uno de esos coquetos mesones familiares de comida casera y cantábrica, que tienen también mucho de dieta mediterránea, como ahora se acostumbra a decir. Por el camino me vino la tentación. El diablo me dijo, en una jerga simpática, pero indecente: "Tienes que cambiar el agua al canario". Se lo dije a mi acompañante, así: tal cual. Y ella, casi se meó de la risa. Así que decidimos hacer caso al diablo, y los dos nos apeamos en una estación "Depaso", de esas gasolineras que te encuentras de paso, a la derecha, siempre a la derecha, y que ahora son tiendas de casi todo: gasolineras, golosineras, tiendas de souvenirs, farmacias, bollerías, y de casi todo: de casi todo a cien... Y los dos aprovechamos la parada. Mi acompañante hizo un pis; y yo, que soy más basto; es decir: más tosco y ordinario, meé. Perdón: hice aguas menores, u oriné...

Al salir del pispódromo, yo venía un poco despistado, cerrando todavía la jaula del canario; y tropecé con un cartel informativo de "todos los servicios que usted puede encontrar aquí, de paso". El diablo me apuntó al dibujo que estaba en la derecha de la pancarta. Era una fardela de papel (quiero decir una bolsa) con unas letras impresas que decían, insinuadoras: "Comida lista".

... Mi compañera cayó también en la tentación, y me preguntó: "¿Y qué será esa comida lista?". Yo, que sé más por viejo que por diablo, contesté: "De primer plato, debe tener una sopa boba"...

El resto del camino fue como un aperitivo de risas. A veces los chistes más bobos te hacen mear de risa, aun después de haber parado a hacer pis.

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En Gijón, una "mesera",- casi una tía cariñosa -, nos sirvió un menú del día delicioso:

Enrtremés: pastel de cabracho.

Primer plato: Patatas mariscadas.
Segundo plato: Mero al horno.

Postre: Mousse de limón.

Café solo, corto de agua.

Chupito de avellana.

Nada que ver con "COMER LA SOPA BOBA":

* En la antigüedad ciertos monasterios y conventos tenían por costumbre repartir a mediodía a mendigos y a estudiantes menesterosos escudillas de caldo con trozos de pan, al que denominaban sopa boba. A los estudiantes que sólo con eso se mantenían, se les llamaba sopistas, y por extensión el dicho de «comer la sopa boba» se aplicó a la conducta de los que por holgazanería viven a costa de los demás.

Y nada que ver con la comida rápida, la comida basura, o la comida lista...

* La comida rápida es comida preparada, servida velozmente, y se consume sin cubiertos. La comida suele ser altamente procesada, y su preparación es fuertemente criticada, pues generalmente es dañina para la salud, ya que contienen una cantidad muy elevada de calorías.

...

De postre, en este enjundioso comentario de hoy, os voy a poner un texto fetén de Alvaro de Laiglesia, de su obra más conocida, "Un naufrago en la sopa":

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"Hojalatero" y un conservador".
A la memoria de Juan Ramón Jiménez, autor de "Platero y yo".
"Hojalatero" es un caballo enano, de esos que tienen orejas largas y rebuzno cantarín. Lindo y mimoso, con la tierna panza color de chocolate, frota su bella nariz contra mi rodilla y me llama "papá". Se come todo lo que le brindo: jugosos cardos que sobran de mi condumio, potaje de margaritas, y aromáticos grillos a la vinagreta. Cuando le zurro con una olorosa vara de nardos, entona frescas salmodias con voz de barítono. Estamos los dos como musicales cencerros.

Y a modo de café, corto de agua, pero concentrado de sabor, el texto original de Don Juan Ramón Jiménez:

...: Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal... Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel... Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
— Tiene acero...
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
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Casa Marcelo
Cocina tradicional, menú diario, servicio a la carta, tapas variadas.
c/ Melquiades Alvarez, 5 (al lado del Ayuntamiento)

Tlf:985 34 49 47

Gijón, Asturias.


ESCRITO POR:Alfredo Escalada/23.11.2mil6

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