miércoles, 4 de marzo de 2020

LA HISTORIA ENTRAÑABLE DE UNA FOTO GUAPA.




LA HISTORIA ENTRAÑABLE DE UNA FOTO GUAPA.

La Historia de los hombres generalmente se recuerda por grandes acontecimientos, obras fastuosas y nefastos descalabros. Pero la verdadera historia humana es la que se teje con las historias pequeñas, sencillas, entrañables.
Y más en las ciudades (porque el hombre es esencialmente ciudadano; es decir: animal social). Y mucho más aún en los pueblos, que son como el ápice de la vida social y más profundamente humana.

La historia de León está en sus calles, en sus casas, y en sus sencillos ápices entrañables. No hay más que dar una vuelta, paseando, por el centro de la ciudad, mirando a las casas. Por ejemplo a las casas guapas del siglo XX, muchas de ellas en la arteria vital de Ordoño II, y alrededores:
- Casa Ciriaco, 1912; Antiguo Casino (BBVA), 1919; Casa Lubén, 1919; Casa Roldán, 1925; Seminario San Froilán, 1927; Casa de Don Valentín, 1929; Casa de Arce (Casa del Coño),años 40...
Pero quiero pararme hoy en esta casa entrañable (año 1913), que pongo en la foto. No sé si tiene (o tuvo) nombre. Está situada en el número 16 de la Avenida de Ordoño II. Y es entrañable para mí por algo personal que nos ocurre a menudo. Y más en tiempos pasados.
Hace unos años hubo en ese edificio una remodelación de algunas de sus viviendas. Creo que alguna fue hogar de hombres y mujeres ricos, cultos, y sensibles con la belleza. Pues bien: una de esas viviendas resultó ser de una mujer viuda, sin hijos ni clavijos, y el inmueble pasó a manos de la Hacienda Pública, a falta de herederos. Y de ahí pasó a subasta: su valor de piso, y sus enseres. Y ya se sabe el poco corazón que tienen los subasteros. Para algunos, sobraban muchos trastos viejos en la casa; sobraban muchos papeles y muchos recuerdos... que se fueron directamente al basurero.
En el basurero apareció esta foto entrañabe: sin marco, arrugada, rota por las esquinas... Pero treméndamente bella.
Cuajada de historias sencillas y entrañables que nunca conoceremos. Pero ahí están, en ella.
Una mano salvadora la recogió. Como recogen los mendigos bellezas desechadas en los contenedores hoy en día...
No cuento más detalles; pero al final vino a mis manos. Y me contaba ¡tantas cosas!: tantas historias entrañables e inefables!!! que decidí restaurarla. Corté lo que sobraba en las esquinas; es decir: lo rasgado, lo hiriente, lo incontable; y le puse un marco.
¡Y voilá! Esta es la historia entrañable de una foto.
© agf

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