jueves, 6 de febrero de 2020

HOMENAJE A RUBÉN DARÍO

COSAS DEL CID


Notas: 1.- Jules A. Barbey fue un escritor y periodista francés (1808-1889), con gran influencia en su época y en la siguiente generación. Sin duda Rubén Darío lo conoció y lo leyó.
2.- Muy cerca de donde ahora está el monolito en honor de Rubén Darío, en el parque del Cid, se guardan los pasos de Rodrigo Díaz de Vivar, las pisadas de Babieca, el lastimoso hedor de los leprosos en aquella época leonesa, y también la belleza de la niña y la joven mujer de esta historia, en el poema de Rubén Darío. No en vano en una casona de este barrio "romántico" vivió Doña Jimena, esposa del Cid; y de su mansión salió hacia la Basílica de San Isidoro a misa de parida, según cuentan las crónicas...

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León, España, 06.02.2020:
En homenaje al poeta universal en el día del 104 aniversario de su muerte.
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COSAS DEL CID
A Francisco A. de Icaza

Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa,
una hazaña del Cid, fresca como una rosa,
pura como una perla. No se oyen en la hazaña
resonar en el viento las trompetas de España,
ni el azorado moro las tiendas abandona
al ver al sol el alma de acero de Tizona.
Babieca, descansando del huracán guerrero,
tranquilo pace, mientras el bravo caballero
sale a gozar del aire de la estación florida.
Ríe la Primavera, y el vuelo de la vida
abre lirios y sueños en el jardín del mundo.
Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo
por una senda en donde, bajo el sol glorioso,
tendiéndole la mano, le detiene un leproso.
Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago
y la victoria, joven, bello como Santiago,
y el horror animado, la viviente carroña
que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.
Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo,
y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo.
-“!Oh Cid, una limosna”, dice el precito.
-“Hermano,
!te ofrezco la desnuda limosna de mi mano”,
dice el Cid; y quitando su férreo guante, extiende
la diestra al miserable, que llora y que comprende.
*
Tal es el sucedido que el condestable escancia
con un vino precioso en su copa de Francia.
Yo agregaré este sorbo de licor castellano:
*
Cuando su guantalete hubo vuelto a la mano
el Cid, siguió su rumbo por la primaveral
senda. Un pájaro daba su nota de cristal
en un árbol. El cielo profundo desléía
un perfume de gracia en la gloria del día.
Las ermitas lanzaban en el aire sonoro
su melodiosa lluvia de tórtolas de oro;
el alma de las flores iba por los caminos
a unirse a la piadosa voz de los peregrinos,
y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho,
iba cual si llevase una estrella en el pecho.
Cuando de la campiña, aromada de esencia
sutil, salió una niña vestida de inocencia:
una niña que fuera una mujer, de franca
y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca.
Una niña que fuera un hada, o que surgiera
encarnación de la divina Primavera.
Y fue al Cid y le dijo: “Alma de amor y fuego
por Jimena y por Dios un regalo te entrego,
esta rosa naciente y este fresco laurel”
Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente,
en su guante de hierro hay una flor naciente
y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.

(De “Prosas profanas”,

de RUBÉN DARÍO)



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