sábado, 7 de mayo de 2016

LA LOCURA DEL CIELO


LA LOCURA DEL CIELO

Tarde lluviosa en León, ésta del viernes 6 de mayo.
El cielo, ese físico espacio donde nacen las burbujas, estaba cuajado de locura. El agua caía en la calle a borbotones, con una alocada rapidez, y con un cruel desorden preestablecido por los dioses.
Dentro, en la sala, éramos los suficientes para escuchar el ruido silencioso de la poesía; de una poesía inusual, que hirvió impetuosamente, al amparo de la apacible capota del edificio.

Es de locos esto de la poesía. Y más en una tarde teñida de gris, que no nos merecemos, de este mayo equivocado. Es de locos esto de la poesía. De locos y de titanes. De inusuales colosos, esta tarde. De gigantescos "polifemos" con el único ojo de la Poesía, con mayúsculas. 


foto por gentileza de Eugenio Marcos Oteruelo


Juan Manuel Uría, el editor de El Gallo de Oro, es uno de los titanes, y comenzó reconociendo el descomunal esfuerzo del poeta Carlos Aurtenetxe, que escribió a mano, en una pulcritud asombrosa, sus cuadernos, al dictado de una inusual inspiración que le desbordó en estos 800 poemas y 1500 páginas de locura.
Uno de los titanes, en la sombra, es el poeta Jon Obeso, capaz de trasladar a dígitos de común edición tanta calentura. ¿Se lo imaginan?.
El tercer gigante, que acompañó al poeta y al amigo en la mesa de la presentación es Antonio Gamoneda. Todo sincera admiración, al reconocer que él mismo es incapaz de acometer tamaña locura. Y al agradecer que "el mejor poeta de su barrio (donostiarra) venga hoy a ser el mejor poeta actual del intramuros de la Poesía con mayúsculas".


A simple vista, Carlos Autenetxe no ofrece sensación de hombre de gran fortaleza física, o de persona que sobresalga en cualquier aspecto. Pero es una mera apariencia. Su poder excepcional está en su interior, que se revela - ¿o se rebela? - cuando se deja guiar por la Poesía. Y en eso es casi un dios, hijo del cielo (Urano) y de la tierra (Gea). 

Viniendo al desarrollo de la presentación... Pretender resumir una locura de tal tamaño es como querer trasladar el contenido de la Divina Comedia de Dante a una columna de periódico local.(Quizás sea por eso que los medios de comunicación no hayan acudido a esta locura. Porque no tengan columnas - dóricas, jónicas o corintias - capaces de soportarlo)... Es como empeñarse en meter todo el agua del mar, con el cubito de un juego de los niños, en un agujero en la arena de la playa. 

En la sala estábamos algunos desterrados hijos de Eva, boquiabiertos, incrédulos. Pero, al final, salimos "dídimos" por meter los dedos en la llaga de la Poesía grande, entre dolorosa y bella.


Así nos lo contaron, esta tarde, los titanes.

(agf/06.05.2mil16)
(foto: EMO)

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