miércoles, 29 de enero de 2014

poner ruedas a los libros


     Poner ruedas a los libros. Siembre me ha parecido una idea excelente.

Los bibliobuses han sido, por lo general, ideas utópicas de unos pocos. Pocos... y privados. En los dos sentidos: particulares, y alocados. 

Afortunadamente esos pocos han ido dando la lata (¡la feliz lata!), con fructífera insistencia, casi con cabezonería. Y las instituciones se han ido subiendo al autobús. 
En León, esos locos llevan un puñado de años, acercando la inestimable riqueza de los libros a los lugares más apartados. Y a toda la caterva de locos por la lectura; comenzando por los "locos bajitos"... 

Esa es la labor que hoy podemos aplaudir a este equipo. A este equipo actual, y en su figura a los pioneros de esta alocada aventura... Y a los venideros, pues no debe terminar nunca. Eso es lo que deseamos. 

En estos tiempos, - en que las ciencias avanzan, que es una barbaridad - hay otras maneras de poner ruedas a los libros. O mejor: alas. Unas alas etéreas que ahora podemos ver y experimentar en la red; pero que pueden, y deben, ser tan fructíferas... como entusiastas seamos capaces de presentarlas.



Hace algún tiempo, desde este "aerodromo de inquietudes" que es nuestro muro de FB, creamos una plataforma llamada "grupo", con una idea descabellada: poner ruedas sonoras (¡¡si bien prestadas, porque "casi" todo está en la red!)), a la alocada aventura de Don Quijote de La Mancha... el Libro de los libros españoles. 
 Quizás fuera el momento de retomar esa locura, ¿no les parece?

Mientras tanto, ¡¡¡Vivan los libros!!! y que corran... 
Ahora en autobús. En Bibliobús.      
 

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