miércoles, 17 de abril de 2013

por la boca muere el pez...




Por la boca muere el pez, 
o el Prior bocazas


Cuenta una leyenda popular de San Miguel de Escalada que en una ocasión se presentó el Prior del Monasterio en la Corte Real, y lo hizo con tal profusión de lujo y corte de coches, lacayos y criados, rodeado de nobles a caballo, que los palaciegos le preguntaron, maravillados y extrañados: "¿Cómo un modesto prior puede mantener y hacer alarde de tan lujoso aparato de grandeza?". El Prior contestó: "Pues, sabed que con la tercera parte de mis rentas me sobra para todo ello..."


Cuando el Rey Felipe III hizo un viaje desde Valladolid a León, en 1602, le acompañó la reina, y el favorito, Duque de Lerma. Se aposentó el Rey en el convento de Trianos, cerca de Sahagún, aguas arriba del río Cea, que habían fundado los canónigos franceses de San Rufo, allá por el año 1185. En esta visita le atendió con esmero el Prior de Trianos, Don Andrés de Caso, dominico. ¡Qué bien sirvió el prior al Rey! ¡Y qué pronto recogió su premio!. Llegó el Rey Felipe III a León, y de inmediato apeó de su cargo de obispo a Don Juan Alonso de Moscoso, que trasladó a la sede de Málaga. Y puso de nuevo obispo de León a Don Andrés de Caso. Este obispo trepa se acordó de la leyenda, y no dudó en dotar al nuevo Seminario de Trianos, que él gobernara, de todos los recursos necesarios, que sacó de las píngües riquezas del Priorato de Escalada. A pesar de las razonables oposiciones del Priorato, la disgregación de las rentas se llevó a cabo contra viento y marea. Y todo ello con la premeditación del obispo, la aquiescencia del Rey, y la bula del Papa, Paulo V....


Se realizaron muchos apeos de la heredad de Escalada, y hubo muchas peripecias en el reparto de los bienes. Pero al final lo llegaron a cumplir tan, tan exacto, que hasta la casa del Prior se dividió en tres: dos partes para el conónigo de San Rufo; una, - exigua, raquítica -, para el buen prior y sus deudos, que hasta tuvieron que dormir en la cocina, por falta de espacio. Se repartieron los pueblos, los campos, las villas, los molinos, los rebaños, las tierras de trigo y de cebada. Y los diezmos, los fueros, las ossas, las fumazgas, las mesturas... Y se repartió hasta el templo... hasta las más de cien columnas y otras piezas, todos de alabastro, jaspes y mármoles, que andan rodando con desprecio...


Se repartió todo... Menos las obligaciones del mantenimiento, del reparo, como es razón y necesario. El convento de Trianos fue requerido, entre otras muchas veces, el 23 de febrero de 1688; pero se excusó, diciendo que el Priorato (aquella tercera parte, ¿recuerdan?), disponía de medios suficientes para ello. Y es más: que los reparos no se hacían porque no se aplicaban los medios debídamente. Y todo por la incuria y abandono de los Priores... El Prior lo negó. Y se lastimó de que sus rentas, ahora, apenas daban para atender las necesidades más perentorias de la casa. Mientras tanto, el templo y el cenobio seguían dañados. Sobre todo por las decisiones del convento de Trianos de poner en el claustro paneras y trojes,y meter en él los carros. Trianos siguió erre que erre, negando sus dos tercios de ayuda. Hasta Domingo González, vecino de San Miguel de Escalada y mayordomo de la iglesia lo denunció: "toda la iglesia está muy maltratada; hasta la misma capilla donde se entierran los feligreses... ¡Y Trianos, como si nada!...


A veces la Historia se convierte en juez y en verdugo, para los malhechores. Hoy, Trianos es una ruina total. Yo no me alegro de ello. Pero me entra un regustillo insano al pensar que la Historia le ha hecho "apearse del burro" a Trianos; aunque haya sido demasiado tarde.




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