jueves, 15 de diciembre de 2011

EDITORIAL


EL QUE TENGA OÍDOS PARA OIR…

Dice el dicho popular:  ”uno vale más por lo que calla que por lo que habla”. Y aunque yo no soy mucho de esta forma de ser, (porque lo que pienso lo digo), he aprendido a observar, a pensar,  a sentir, a sacar mis propias conclusiones, y a callar; como si el silencio fuera un lugar seguro en el que guarecerse…
Pero, parece que hasta el silencio molesta a algunos. Es como si “callarse uno” diera alas a la imaginación de los “sospechantes”.
Por eso voy a romper por una vez mi silencio, para dejar algunas cosas claras:

- Mis buenas intenciones de colaborar, de aportar, de sumar… han sido (por lo menos) mal interpretadas. Y muchas veces torcidas y retorcidas. 
- Mi honradez y mi trabajo han sido ignorados, despreciados, menospreciados, ninguneados, y “utilizados”. Y yo mismo por ello. Tengo un montón de datos.  Pero me los callo.
- Mi silencio es bueno, pero no tonto. Tengo razones objetivas para poder hablar de usurpaciones, de aprovechamientos no del todo dignos,  de actuaciones de trepas a mi costa,  y (aunque suene a muy grave)  de verdaderos plagios. Mas mi valor seguirá residiendo en mi silencio. 
- Quiero dejar bien claro que no me mueven aspiraciones: ni políticas, ni partidistas,  ni de pretendida resonancia social. Y mucho menos de protagonismo. Aunque los “sospechantes” sigan  “malpensando”… y difamando.  De la difamación siempre nacen muchas hierbas, aunque éstas sean de cizaña. ¡Al fuego con ella!  
- Por ello, quiero decir muy alto que no estoy en ningún bando (ni dentro, ni detrás). Ni tampoco los animo, ni los azuzo, ni los aplaudo.  Ningún bando político, - ya sea partido, organización y/o institución -  que se dedique a “una caza de brujas”. Ningún bando de indignados por resoluciones (apropiadas o inapropiadas), que provoquen o motiven  denuncias, recursos o pataletas, de los que tengo derecho en mantenerme al margen. Ningún bando cultural, o pseudo-cultural,  académico, universitario … de los que ya estoy cansado.  Ningún bando de gandules, que en estos tiempos vienen y van  “en bandadas”.

Voy a volver a mi silencio. Y pido que por fin se respete. ¡No es mucho, creo!...  Que no se ponga mi nombre, y mucho menos mis actos y mis intenciones  (¡es tremendo: se me pretende criticar hasta por mis intenciones íntimas,  que algunos dicen conocer sin yo saberlo, vamos, vamos!...), que no se ponga, digo, en la boca difamadora de los “conocidos”, ya sean estos amigos o menos amigos… Porque ansío no tener enemigos.
Y aspiro a que aún queden personas e instituciones honradas. Y que las vuelva a tropezar. De hecho conozco a varias, - todavía hay esperanza - que son las que me animan a seguir en este estado.

A.G.F.
    

P.D.: Si hubiera algún “sordo de conveniencias” que no haya querido enterarse,
 se lo puedo decir más alto, en privado.    

@gf 

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