domingo, 4 de diciembre de 2011

Digo diciembre





Digo diciembre y me entra un frío horrible.
Digo diciembre y me acuerdo de la madre; cuando era en diciembre el día de la madre.
Digo diciembre y veo todas las carreteras con persianas de niebla.
Digo diciembre y se encienden las luces de neón en las calles, simulando las fiestas.
Digo diciembre y se asoma a mis párpados una escarcha salada, como si fuera una estrella.
Digo diciembre y el cartero me deja en el buzón recuerdos entrañables, en blancas postales navideñas.
Digo diciembre y me colman  las carnes, las bebidas, los dulces, los regalos... y los buenos deseos, intactos hasta ahora.
Digo diciembre y cantan millones de niños millones de canciones, al son de los millones. 
Digo diciembre y me nacen los dioses encarnados en carnes nacaradas, dormidos en pajas de pesebres.
Digo diciembre y se pudren las uvas, mojadas en champán, y se atragantan los deseos de prosperidad futura, a falta de una antigua.
Digo diciembre y sueño con abril, y con las flores; con las crias de pájaro de mayo; y con los frutos del amor, en la lumbre de octubre. 
Digo diciembre... y me sobran sus días. Y sus noches. 

(agf/3.12.2mil11)    

entrada:
Cifuentes

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