sábado, 3 de octubre de 2009

el mundo de las abejas



Amado Cancelo, nos cuenta en su libro,"EL CONCEJO DE VAL DE SAN MIGUEL DE ESCALADA, un pueblo en el olvido y un Monasterio para el silencio", lo siguiente:

LAS COLMENAS DEL PRIORATO

En el edificio del Priorato, situado en el borde de la ribera, también hubo colmenas desde siempre, con abejas que anidaban bajo el tejadillo del pórtico, casi hasta nuestros días. (Yo le quito hoy el "casi"). El número de colmenas que fueron registradas en los libros de fábrica ha sido, cuando más, cinco. (En el año 1688 el convento de Trianos eludía su responsabilidad de reparar la iglesia y claustro, argumentando que "en su torre y en el dicho claustro hay mucha cantidad de colmenas, que producen muy razonable esquilmo, que aplicado a la iglesia tendría para el gasto de la cera, y mucho más", según BRAH.t/32,doc.133)...

Algunos años estas colmenas llegaron a ser milagrosas, no por hechos sobrenaturales, sino porque proporcionaban recursos económicos en una situación de pura necesidad, pues los priores que las cuidaban no destinaban la miel a endulzar sus desayunos, sino que la vendían para sacar algunos reales, y con ellos reparar la iglesia, retejar, blanquear y otros trabajos de mantenimiento del edificio.

Así consta en las cuentas registradas en los libros de fábrica que llevaban los mayordomos, y donde podemos ver que, por concepto de miel y cera, ingresan en el año 1796 la cantidad de 153 reales, y en el año 1846: de miel, 144 reales; y de cera, 35 reales. Por supuesto, todos los años intermedios hay ingresos de las colmenas.

Los priores sabían muy bien el refrán que dice: "a quien destruye una colmena, Dios le condena"; lo que nos viene a decir que a quien cultiva una colmena, Dios le premia. Y a ellos los premió, dándoles algunos recursos para que no cayesen al suelo tejado y colmenas.

Alrededor de la colmenas en Val de San Miguel se han escrito otros curiosos ejemplos de trato y de espiritualidad, como el registrado en el testamento de José Campos, marido de Isabel Burón, y que es el siguiente: Cierto día del año 1785, José guardaba el ganado de Manuel Ordás y de la tía Pascuala,en el pago de Val de Rodezno; y en uno de los árboles o matorrales encontró una colmena, que entregó a Pedro Gutiérrez bajo dos condiciones: Habrían de repartirse el producto en partes iguales, y Pedro tendría que poner una vela a San Antonio. Fue testigo de este trato el zagal de José, Isidro Robles.

Y de mozos golosos catando colmenas en el pórtico del Priorato, se podrían relatar graciosos hechos acaecidos no hace muchos años...

La importancia de las colmenas está en que sirvieron al sostenimiento de los edificios y fueron, por tanto, una primicia de los priores, y muy bien administrada por los mayordomos.


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Hay en el monte de San Miguel de Escalada, cerca del Monasterio, un vallecito que lleva un nombre sonoro y meloso: El Trúebano. Alguna otra vez he hablado de él, citando a Amado Cancelo, que me ha enseñado tanto...

Sin duda trúebano es un término leonés bien claro. Yo soy de La Seca, en la ribera del Bernesga, camino de Asturias (por el puerto de Pajares), dejando a la izquierda la Babia leonesa, que asoma a Asturias por el valle del Huerna. En toda esta zona leonesa, y también en la asturiana, se recuerda en llionés. Sobre todo en los pueblos, y en las faenas del campo.

No sé cómo ha llegado trúebano a San Miguel de Escalada, como tampoco he buscado qué tiene que ver "arnero" con la miel, las abejas y las colmenas, porque en Valdabasta se dice "camino de los arneros" al que lleva a un valle donde había muchas colmenas, igual que el Trúebano, (quizás fuera el mismo valle). Ahora recuerdo que en el valle asturiano del Huerna hay un lugar llamado "Arnón", donde todavía cosechan miel en colmenas de cepos de árbol... Suena parecido. Pero, claro, no es nada serio.

El Truébanu astur-llionés.-

*Truebu, que frecuentemente aparece incrementado como truébanu significa inicialmente ‘tronco hueco’ de donde pasa a tener el sentido de ‘colmena’ porque ésta se fabricaba con el tronco vaciado de un árbol.

Etimológicamente son varias las propuestas que pretenden explicar nuestra palabra sin que ninguna se muestre lo suficientemente convincente. Creen unos que se trata de una base prerromana *TOB-, *TOV-; otros quieren relacionarla con el germánico TROG- ‘cesto’ o con el gótico *THRAUS ‘arca’ latinizado posteriormente como TROX > cast. troj; parten otros del latín TUBULUM ‘canal’ o TORULUM originado en torus (cf. 92).

Lo que parece aceptable es partir del latín TORUM ‘tallo’, ‘ménsula abombada en forma de cuerda’, ‘baranda de tierra’, ‘protuberancia de un músculo bajo la piel’ (EM) para explicar el asturiano tueru ‘tronco de árbol’, ‘tallo’. Una posible incrementación *TORALEM (REW) justificaría una serie de topónimos del tipo Toral aplicados a elevaciones o protuberancias del terreno (p. 64).

Un diminutivo *TŠOR(I)CUM sería la base de la que habría de partirse para explicar el verbo torgar ‘poner un collar de madera al cerdo para que no pueda penetrar en propiedad ajena’ y especialmente *tuergu —> *tuerbu —> *truebu, con la fácil confusión de velares sonoras.

Con una incrementación con el sufijo átono -ANU, como en CEREBRUM > cerebru —> ce(r)ébranu > Cébranu, se justificarían los apelativos tuérganu ‘leño grueso’, ‘raíz del brezo’, ‘tocón’ y truébanu ‘tronco de castaño carcomido’, ‘colmena’. Sobre ellos se formarían los topónimos Los Tuérganos (Tb) y Truébanu (Ti124, Babia125), El Truébanu (Is, Cr, Ct, St), Truébano (Uv), El Truébano (Lla). También El Trobo (Cs) con la esperable pérdida de la -n-. Se produjo una eliminación del primer elemento del diptongo en algunos casos como El Trébanu (Pi), como ocurre otras veces, caso del asturiano culuebra frente al castellano culebra.

El diminutivo aparece en Trobaniellu (braña entre Teberga y Quirós)126, cerca del Puertu Ventana, que ha de deber su denomina ción, probablemente, a un pequeño truébanu utilizado como hornacina de la imagen de la Virgen María pues todavía hay hoy en la braña una ermita dedicada a Nuestra Sra. de Trobaniellu aunque nada nos recuerde ya el antiguo truébanu.

Si bien en los nombres de nuestros pueblos no hemos consignado topónimos que porten el elemento colmenar ha de decirse que ésta no es palabra ajena a nuestra tradición pues pervive en usos actuales y en algún documento medieval .


Las colmenas, la madera , los cepos, los corchos...

Las primeras colmenas construidas fueron de corcho y de paja. Más tarde las hicieron de los árboles huecos cortados en trozos de un metro aproximadamente. Cuando consiguieron serrar la madera, también empezaron a hacerlas de tabla. Todas ellas recibían el nombre de truébanos .

Los tipos de maderas son importantes. Para los enjambres el olor de la madera preferido era el cerezo y el roble. Estos truébanos, cuando estaban listos para ofrecer a nuevos enjambres (para cazar truébanos monteses), se embadurnaban con algo que atrajera a las abejas por su olor, de forma que se quedaran definitivamente instaladas en él.

Esta forma de conseguir miel era mejor que la primitiva, porque así tenían a las abejas metidas en sus truébanos cerca las viviendas. Ahora bien, el método de extraer los panales con la miel no permitía valorar lo que podían necesitar ellas para pasar el invierno, de modo que se les extraía demasiado y terminaban muriendo la mayoría.

(FUENTE: TOPONÍMIA ASTUR-LEONESA, Y GEOGRAFÍA LENENSE, Concejo de Lena)

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