viernes, 4 de septiembre de 2009

La Ferrería de San Blas, en Sabero

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La Ferrería de San Blas, en Sabero: una utopía que sólo duró 16 años.

La siguiente historia parece un cuento de filandón, os lo aseguro. Una leyenda de los vadinienses míticos o de los indómitos guerreros astures, que enterraban a sus muertos a la orilla del Astura, y les dedicaban una estela de recuerdo, con un poema de palabras y la figura de un caballo, o de un árbol, símbolos ambos de la vida perdurable e infinita...

Ambos pueblos - no sé bien si fueron uno solo, en tiempos indefinidos - habían llegado del norte, buscando el agua. Habían llegado de los pueblos indoeuropeos. Aunque el indo-europeo no existe como pueblo. En cada rincón de Europa se fueron llamando de un modo diferente. Y aquí está la madre del cordero: "se fueron llamando"; se fueron extendiendo por la palabra. En una cosa tiene razón La Biblia: "Al principio era el Verbo (la palabra), y el Verbo era Dios". En la biblia indo-europea, el Verbo no se hizo carne; se hizo agua, y se hizo pueblo. Y poblaron el mundo. El mundo se pobló con la palabra.

¿En qué lugar de Europa se hizo pueblo la palabra?. Los conformes dicen que en el corazón del continente, sobre el mar Negro y los Balcanes, entre 3.000 y 2.000 años antes de Cristo. Mas, ¡qué más da!. Yo voy a ensoñar y a fabular que un hombre primitivo dijo su primera palabra, y esta fue ¡agua!. Porque el agua es la vida, el principio y la palabra...

Indo-Europa tuvo once tribus, como un Judá bíblico: tikario, indonesio, iranio, armenio, anatolio, griego, itálico, celta, germánico, báltico y eslavo. Y todas vivieron alrededor del agua. Porque el agua es vida. Y fue la vida para ellos. Porque el agua fue el principio de todo. Las lenguas actuales hunden sus raices en la palabra del pueblo indo-europeo, o en sus mitos y leyendas, que es más exacto. Y en esas lenguas, el agua se llama de muy diversos modos: Por ejemplo:


a) en la tribu germánica: Alemán, wasser; inglés, water; sueco, vatten; holandes, voater.
b) en la tribu celta: Danés, vaud; gaélico: uisce; islandés, vatn.
c) en la tribu eslava: Polaco, woda; checo, voda; magiar, viz.
d) en la tribu latina: Español, agua; francés, eau; catalán, aigua; gallego, auga; italiano, aqua; rumano, apa.
e) en la tribu báltica: Lituano, vanduo; estonio, udens; suomi, vesi.
f) en la tribu indoaria: Indonesio, air.
Y otros: Turco, su; griego, hydros; sardo, aba; kurdo, av; esperanto, akvo (de etimología latina:aqua); euskera, ur, ura (nótese el parecido con Ast-ura: Esla, río)...

Pues, la historia de hoy, - el cuento del filandón de hoy - habla de Sabero: aguas arriba del viejo Astura, hoy Esla. Y ésta podría ser su leyenda:

Sobre el origen:
a) SABERO: SAUERIO, SAVERO, SABERU: Sabero, cerca del Esla, pudiera ser un hidrónimo. Como Astura (el viejo Esla), como Val (Valdesavero), como Sala (Las Salas), y tantos otros nombres... Algunos dicen que no parece probable que se relacione con la raíz fitonímica "SAPP-/TSAPP- presente en CHAPARRO "Encina joven", vasco: TSAPAR "Roble joven", catalán: SAP "Brezo", asturiano: SAPIEGU "Quercus, toza", provenzal: SAP y francés: SAPIN "Abeto", latín: SAPPINUS "Clase de pino". Aunque de la variante SAB- sale el prelatino SABINA "Juniperus sabina", catalán: SEBO "Pinus silvestris, abies pectinata". Y por esta zona (arriba y abajo) hay antiguos bosques de sabinas, enebros; por algunos lugares llamados "escardamulos"... Los más aseguran que es probable que SABERO sea un nombre personal germánico. Aún existe hoy el nombre de persona SAVERIO, y de la raíz SAB- el nombre germánico SAB-ARIU.
b) SABERO: SANCTI PETRI, SAN PEDRO, SAMPETRO, SAMPERO: La etimología más socorrida viene del nombre del Apostol de Cristo, que tuvo, - y tiene - dedicada la iglesia del pueblo. Es una explicación más ingenua y facilona. Pero válganos, ea.
Lo digo porque el miercoles, día 2, estuvimos en Sabero. En su Ferrería de San Blas, hoy convertida en Museo de la Siderurgia y de la Minería. Para saber más detalles de este magnífico edifico, se puede picar en el enlace de la página web del

y también recordar algunas fechas, a modo de resumen:

- 1828: ingenieros ingleses hicieron las primeras prospecciones mineras en el Valle de Sabero.

- 1841: se funda la Sociedad Palentina de Minas, para iniciar los trabajos en el Valle.

- 1843: se suma a la Empresa nueva capital leonés y pasa a denominarse Sociedad Leonesa-Palentina de Minas.

- 1845: el ingeniero francés, Philippe Paret, comienza la construcción del edificio, de estilo neogótico, y la instalación del Primer Alto Horno, que terminaría en 1847, unos meses , o un año antes, que los Hornos de Mieres o de Trubia, que sin embargo se han llevado la fama de ser los primeros Hornos con carbón de cok en España, inmerecídamente.

- 1851: se instala el Segundo Horno en las naves de la Ferrería de San Blas.

- 1866: se cierran los dos Hornos, por falta de rentabilidad, presión fiscal, y otros intereses, que no llegaron a allanar los principales problemas de las infraestructuras de carreteras (la carretera del Pontón, por Los Beyos y Picos de Europa no se haría hasta 1880), y sobre todo de vía de ferrocarril ( la línea de vía estrecha que uniría La Robla con Valmaseda no llegaría hasta 1894). A partir de entonces sólo se mantiene la explotación de las minas de carbón.

- 1991: nuevos problemas y nuevas crisis obligan a cerrar también las minas. Y la Ferrería que antes había sido dedicada a economato de la Empresa, botica y pabellón deportivo y de cultura, se cierra también, aunque se reconoce como bien de interés industrial.

- 2008: trás nuevas y diversas peripecias, se recupera el espléndido edificio industrial del XIX, y se inaugura el actual Museo, que sigue en expansión... Amén. Que quiere decir:¡que así sea!.

Mas, siempre hay un pero:

En un edificio anexo a las naves principales, hay actualmente una exposición temporal dedicada a "las luces en la mina". Magnífica muestra. Pero también, en cierto modo, muy significativa.
"A todas luces", hay algo que no funciona bien. El Museo tiene un año. Y debería ser accesible a todos los ciudadanos. Y es verdad que es, para todos, gratuito. Pero la accesibilidad para los menos válidos (por ejemplo, que necesitan desplazarse en silla de ruedas) está reducida a esta sala que les digo. Desde las naves de la Ferrería hay que salir a la calle, empedrada y rebotante. Y hay que cruzar un patio lleno de guijarros sueltos. Enfrente de la puerta, unas traviesas de las vías de los trenes señalan un pasillo, pero las piedras cortantes, y sueltas, predominan... Y para colmo, tres peldaños, - más que regulares e incómodos, incluso para los válidos caminantes de visita -, nos reciben. Algo funciona mal, ¡a todas luces!...

A pesar de todo, bravo por la Ferrería de San Blas. Así la hemos visto:



Película



Bombilla

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