domingo, 3 de mayo de 2009

LAS CUATRO JORNADAS DE SAN MIGUEL DE ESCALADA/2009

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Primera Jornada:

 Cuenta el cronista Almakkari, que a principios del siglo XI, cuando buena parte de España aún permanecía bajo el poder musulmán, un embajador de Abd-er-Rahman V, tuvo que asistir a una ceremonia nocturna en una iglesia mozárabe de Córdoba y...

"...la vio tapizada de ramas de mirto y suntuosamente decorada, mientras el sonido de las campanas encantaba su oído y el esplendor de los cirios deslumbraba sus ojos. Se detuvo fascinado a pesar suyo, ante la vista de la majestad y del gozo sagrado que irradiaba del recinto; recordó seguidamente con admiración la entrada del oficiante y de los otros adoradores de Jesucristo, revestidos de admirables ornamentos; el aroma del vino añejo que los ministros vertían en el cáliz, donde el sacerdote mojaba sus labios puros; el modesto atuendo y la belleza de los niños y adolescentes que ayudaban al lado del altar; el solemne recitado de salmos y de sagradas plegarias, todos los ritos, en fin, de esa ceremonia; la devoción y a la vez el gozo solemnes con que se celebraba y el fervor del pueblo cristiano..."

.."La liturgia hispano-mozárabe"
Don Constantino Robles García, Director del Museo de San Isidoro de León.

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Segunda Jornada:

Tenemos la esperanza de conocer de primera mano los, sin duda, interesantes resultados de esos trabajos, hasta ahora no publicados.

"Resultados de las últimas excavaciones arqueológicas en San Miguel de Escalada (2002-2004)"

Don Felipe San Román y Don Emilio Campomanes, de la empresa Talactor Arqueología y Patrimonio.

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Tercera Jornada:

 Decir a estas alturas que estamos enamorados del Monasterio de San Miguel de Escalada no es nada nuevo. Podríamos asegurar que estamos "loquitos por sus huesos". Y es verdad. Pero lo de estar locos por sus huesos de hoy no significa lo mismo. Una loca pareja de investigadores de la Universiad de León está empeñada en una labor ardua, pero seguro que compensadora. Para ellos, y para todos nosotros. Sobre todo para todos los amantes de Escalada.

Yo pediría a esta pareja de locos que buscaran los huesos de los monjes. Y de los abades. Y cuanto más antiguos, mejor. Tal vez encuentren un hueso femur de un hombre de buena planta, hermoso en su juventud, deportista, y quizás luchador, como un joven más de esta ribera aficcionado a los "aluches", y lesionado en un esfuerzo "bárbaro". Bien podría ser de Gonzalo, un joven de esta tierra, retirado a la paz de este Priorato, que luego fue tenido por santo.

Gonzalo era un mozo hermoso, bien plantado; hijo de nobles. Como Héctor. Bien dotado en lo físico, adiestrado en la lucha, de ánimo fogoso, dedicó sus mejores años jóvenes a guerrear. Gonzalo pudo ser el retrato de un joven luchador de "aluches", de esta tierra pacífica. Superó con las armas a Héctor, le excedió en sus hazañass y sus golpes; y tuvo más suerte que él. No tropezó con ningún Aquiles, el de los pies ligeros. Tampoco tuvo el abrazo de Andrómaca, la de los níveos brazos. Pero eligió su retiro en este monasterio, como eremita, para recibir, serénamente, el premio merecido. Aquí durmió Gonzalo, bajo el peso leve de una losa. Esta fue su paz. Así dice su lápida:

Noble hijo de nobles, nació en esta comarca. Aquí duerme Gonzalo bajo el peso de esta losa. Aquí, con las armas, consiguió fama honrosa. El tres de mayo rindió el tributo debido a la muerte. Guerrero diestro, conocido por el nombre de Gonzalo, con las armas sobrepasó las hazañas de Héctor y sus golpes. Digno de admiración por su manera de vivir, aquí como monje, recibió el premio merecido.

Y tal vez encontraran los huesos de la espalda y de las manos de un viejo fraile; y quizás "pillaran" alguna lesión propia de los escribas de manuscritos, que debieron tener también, sin duda, un trabajo duro y pesado. Porque ahora nos interesa mucho descubrir si en este Monasterio hubo "librarios". Creemos que si. Y que uno de esos escribas e iluminadores admirables fue Maio, el indiscutible autor de nuestro Beato.


"Enterramientos de San Miguel de Escalada"
Don Luis Caro Dobón y Doña María Edén Fernández Suárez, de la Universidad de León.
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Cuarta Jornada:

 Corre el año 1050. Don Sabarico va a celebrar con los omes bonos de su feudo un auto de Navidad, en el pórtico del monasterio de San Miguel de Escalada, delante de "su" puerta. El abad Don Sabarico se lleva bien con los reyes Don Fernando y Doña Sancha, y tiene ciertas influencias, que aprovecha para conseguir de los Reyes escrituras a favor de la Catedral de León, que buena falta le hace.

En el seno de la Iglesia, también pinta muy alto. Este año asistió al Concilio de Coyanza (Valencia de Don Juan), y en el canon II consiguió que aprobaran que todos los monasterios de León y Castilla, tanto de hombres como de mujeres, observen la regla de San Benito.

Don Sabarico es un hombre querido en el Concejo de Val de San Miguel. En los términos apartados de las ruinas de Lancia tiene una Villa, que los lugareños ya le han dedicado. Llevará para siempre su nombre: Villasabariego, "Villa Sabarici".

La semana pasada vino a verle una viuda de Valdabasta, por pagarle las "ossas". Ya su difunto esposo había pagado en vida este tributo "de huesas" por contraer matrimonio. Y ahora ella lo continúa pagando, para mantener su heredad y poder sacar adelante a sus siete hijos, huérfanos de padre. Don Sabarico tiene dicho a sus deudos que son libres de casarse con quien quieran; y a las viudas, de mantener su heredad, a cambio de nada. Pero los paisanos reverencian al abad con su gabela, no de fiorma servil, sino de buena gana.

A la viuda la voy a llamar Teresa. Porque me da la gana. Pues, - digo - que Teresa vino a ver al abad, y le contó que algunos fieles querían dedicarle en este año un misterio en el pórtico del cenobio, justo delante del arco que el buen abad hizo en persona, con la intención de que luego le enterraran a sus pies. "No tenga parte con Cristo quien se atreva a quitarme de este lugar", dejó dicho el abad, amenazante. Ahí está escrito, en su lápida.

Estaba Teresa arrodillada a los pies del abad, y este la mandó levantarse:

- Por San Benito, buena mujer. ¡Álzate, álzate!

Teresa lo hizo así, reverente y obediente. Y le propuso, llánamente, el disparate:

- Buen abad; que Dios os guarde. El auto de este año será recordando la Presentación del Niño-Dios a los Sacerdotes del Templo. ¿Seréis vos el Sumo Sacerdote?. Yo seré, humildemente, la tierna Madre; mi hermano Froylán, el casto y cándido José; y mi último vástago será, si vos lo permitís, el Niño, ¡bien callado!...


Don Sabarico bendijo la propuesta, y en ello quedaron... Mirad el resultado:

- El sol está radiante, aunque la tarde es fría.

Los arcos del sur se traspasan de luz. El ventanal del poniente es un parteluz de oro; y un brillo de esmeralda se adivina por él, con el verde encinal del fondo. Don Sabarico viste de gala. Parece "un san isidoro", con capa, báculo y mitra; ¡arrebolado!.

- Teresa viste de negro, con vestido hasta el suelo. Y toca su cabeza con un velo de seda cordobesa, como una ténue celosía blanca, muy blanca. Froylán lleva una vara más alta que él; y en el pico del palo una rosa tardía, blanca, muy blanca.

- En las manos del santo se ve una cesta. Y en ella, una paloma blanca, muy blanca.


En los brazos recios del abad, un niño, casi desnudo, está irradiando luz, repartiendo risitas de oro; oscurece la pompa del ministro; arranca la sonrisa de la Madre; aviva la rosa, que se vuelve fragante; y espanta a la paloma, que vuela, ¡alma de barro!... Más allá, en el atrio, el pueblo entero calla; se embelesa, y reza. Y un coro de voces, blancas, muy blancas, está cantando un "aguinaldo"...

"La vida cotidiana en tiempos de Escalada"
Doña Margarita Torres Sevilla, de la Universidad de León.
Bombilla

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