domingo, 15 de mayo de 2016

PHI, en actos...


 
Acto Primero: Memoria, deseo, muerte... y deseo de nuevo.
"PHI". Cris Flantains.
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Acabo de venir de una feliz epifanía. Un nuevo (primer) poemario es como una manifestación en un espejo. Como haber escrito al revés, y ponerlo al derechas para los demás. (¡O al revés!).
Y todo esto supone un bello esfuerzo y una osadía compartida. Cris se atrevió. Y se ha visto felizmente arropada en su atrevimiento por dos editores cercanos y valientes: Puri Sánchez P e Iñaki Hernán, de Piediciones. 
El libro, físicamente, es atractivo. Y atrayente...
En la presentación nos anunciaron que habla de "la naturalidad, de la memoria, del deseo, de la muerte (no del trágico final humano)... y otra vez del deseo...". Ese deseo que supone leer en un espejo. Y ser leído desde el envés de los otros.
Vuelvo a repetir mi maniática costumbre de ir al final del libro. Sus dos últimas páginas llevan un único poema con el mismo título: "X". Quizás debieran titularse, como si fuera en un espejo, "01" y "10", para ser más exactos. Cuando ustedes las lean, me darán la razón.
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He de volver al principio: a la memoria, al deseo, al final... y otra vez al deseo:

Gracias, Cris
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Asistentes al acto, sobre de foto de Alejandro Nemonio, al modo EMO 
Acto Segundo: Liturgia:
La liturgia es ese conjunto de reglas para exhibir, para llevar a cabo un acto.  Y un poemario necesita una liturgia. La necesita el autor para inspirarse en verter su contenido; y también para exhibirlo físicamente en un "libro de poesía", y para adornarlo (queriendo, o si querer) con ese compendio de normas de expresión, en la presentación a los ojos del lector, que es la edición. 
La autora de los poemas, y sus editores, han sabido plasmar esa liturgia.
Si bien todo el libro es un conjunto de memorias, deseos, ensoñaciones, temores del final... y de nuevo deseos...  Pero volvamos al principio, y vayamos por partes:
La poeta nos propone jugar a los espejos. Y de la mano de Helen Keller nos pregunta: "¿Por qué contentarnos con vivir a rastras, cuando sentimos el anhelo de volar?". Y nos da la hora de salida, sin espejo, sin revés. Y nos espera  "donde alumbra la tea hecha de juncos".
Jugar con los espejos, cuando escribe el mismo poema dos veces - una al revés y la otra al derechas -, es como esconderse y descubrirse al mismo tiempo; como dejar al lector que se descubra en el poema, o se esconda en lo oculto que él no ha acertado a decir.
Y a veces el espejo se rebela y juega con nosotros. Escribe versos al derechas...
Juego del espejo: Así, es espejo en las páginas 26-27, cuando dice: "al fin, los días se llenaron de palabras". Y es cristal abierto en la página 30, mirando "a la gota de agua en el alero... que es la vida misma". Y más cristal sin azogue aún en las páginas 32-33,  reconociendo que "soy culpable, no lo niego, de utilizar las (sus) palabras para drenarme el alma". Y ventana abierta en la página 34, cuando exclama: "Me despertó... y mira que dicen que la luz no hace ruido".
Más adelante repite espejos suyos, que no tienen por qué ser míos. Ni tampoco íntimamente suyos, pues son de todos. 36-37: "no encuentro palabras para pronunciar tu nombre"; 38-39:  y "se fue esquivando los charcos del camino".  Y de nuevo en abierto (sin espejo), página 40: "Pero hombre..."; cuando a mi me daría gusto decir: "Pero mujer...". Cuestión de espejos.    
La poeta firmando su libro, foto de Guadalupe Moral
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Acto Tercero: Deseo

OJALÁ TODOS LOS TRÉBOLES TUVIERAN CUATRO HOJAS


Página 46: "ojalá que la vida no fuera deseo" (No, por Dios), Pétalo, no. Ese es el deseo que tenemos todos; pero la realidad es que el trébol sólo tiene hojas: Y casi nunca cuatro.

Página 47: "solo la certeza de que los tréboles tienen tres pétalos"... y ni siquiera eso es cierto. Es más incierto aún "que todo los tréboles tienen cuatro hojas". Mas déjame que pueda tener deseos. Es decir, pétalos.
48-49.- Espejo: no sabes cual es mi nombre, mirando en el espejo. Otra vez el espejo.Y yo sin poder abrirlo. Tu nombre, desde mi envés, "es ruido lleno de ruido".
50-51.- Otra vez tu espejo: indescifrable a primera vista; a primera lectura. Mas si releo -si miro de nuevo -, reaparece el deseo "tan cerca de mi oreja que se me llena de escarcha". La escarcha que no es lluvia, ni gota en el alero, ni tormenta... sólo deseo.
52-53.(esta vez espejo que llego a creer que es mio). El deseo va - y viene - al beso (que viene y va); el dolor de querer tanto; el maldito dolor de quererse amado tanto. "Hasta que los párpados se quemen, y las ganas (el deseo) me "reduzcan a golpes de negrura y agua".
54-55.- Un oasis abierto que nos ofrece la memoria. La vida entera de los aconteceres cotidianos... Estaba necesitando un oasis sin espejo.
56-57.- Pero vuelve el espejo. Aunque el azogue de tu espejo limita con mi reflejo roto. Leo tu queja como mía, y temo mi miedo como tuyo... "qué iba a temer, si estoy (tan mal) solo también".
58-59.- Espejo abierto: ventanal abierto, mi corazón. "He llenado mi corazón de ventanas"; con versos en los bolsillos ando; para que "no te falte el aire"...
60-61.- IIIV-VIII. Otra preciosa "errata provocada", en el primer verso del espejo..."Dame el deseo que todo lo mueve". El deseo me salva. No quiero evitarlo. Me entrego a él con tres gestos: "el límite, el no saber, y el darme"...
62-63.- "Qué delicioso es amar aunque sea por error". Es la única forma.
64-65.- Oh, espejo negro: quédate lejos de mi. Hay negrura, sí; pero también hay luz.
¡Mi deseo es la luz!


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phi: NATURALIDAD, BELLEZA...


Acto Cuarto: MUERTE...  pero no fin.

70-71.- Qué opina la muerte sobre usted?
Que usted no es el fin del universo. Ni  siquiera es el fin de nada: "hay otro bailarín en el escenario"... Y le guía el deseo.
72-73.- Espejo negro, aprendido como una letanía. Queja negra, de no saber (querer) decirnos los ecos del deseo.Niña vieja en el espejo.
74-75.- Negro espejo de nuevo. Pregunta la Niña vieja: "¿será hoy cuando termine?". ¿Qué?... Todo.
76-77.- Negra muerte. "no sentirte más". Es eso. Yo también lo siento. Mas, "no me dejes ir... tranquilo".
78-79.- "Se espesó la noche"... La temes, y la temo. También leo: "Se derramó ladera abajo, sin dejar pistas". Sin pistas, yo me muero. Sin huellas...
80-81.- Espejo completamente negro. Busco la cara en la cruz; el brillo en el envés... Y no me lo has escrito en el  espejo. Pero me consuelo: "Yo soy tú", dices al derechas. Eso es lo que me salva. Tú eres yo. Y en medio está el deseo.
82-83.- Todo sigue empeñado en ser oscuro. A pesar de que veas la yema de mi dedo con su huella "tan limpia, tan exclusiva". Mis párpados ocultan lo poco que aún veo, desde dentro.
84-85.- Vuelve a engañarme el espejo. No todo es tan negro. Debería gritarme: "y el río de tus días se detuvo... aunque no para siempre". Nada es para siempre.
86-87.- "Sin dejar huella" Negra muerte. Eso es lo que más temo:  irme "sin dejar huella".
88-89.- No me engañes de nuevo, por "ultima vez". No dejes que se cierren  mis ojos, por última vez. Cambia ese verso largo y dime: "reclinar el amoroso gesto frente al rostro "sonriente" que vigila, "por primera y única vez". Cuando todo empieza. Cuando empieza la vida...
 Ese es mi deseo. Vencerá el deseo.


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foto de Marcelo Óscar B. Tettamendi


Epílogo (quizás sobrante) a un prólogo necesario.
Ramiro Pinto

Lo común de un epílogo es el resumen, la conclusión de algo dicho, y terminado.  Pero a veces el resumen y la conclusión se adelante en el prólogo. Al final, da lo mismo.
No voy a enmendar ninguna plana al gran Ramiro. Me voy a limitar a resumir algunas conclusiones, y algunas ideas inconclusas; es decir abiertas:

* La poesía no "me gusta", si no es capaz de provocarme: a mi, a algo, a alguien. Incluso si no incomoda. Porque lo que nos dice el poeta puede hasta disgustar. Pero el verdadero valor es su expresión. Y nuestra impresión, al recibirla.
** El poeta hace visible lo invisible. Lo suyo, y lo de los  otros. Lo invisible para los otros, que no son capaces de poner en visible su impresión íntima. Pero que se reconocen en esa muestra de visibilidad de todo tipo de emociones: con palabras apropiadas, bellas; con ritmo, con música, con musicalidad; y con silencio.
*** El poeta necesita invadir a los demás, para evadirse de si mismo, - y del mundo -, con todos sus misterios. Para invadir al otro hay que invadirse a uno mismo. Es necesario conocer todos - o al menos los más importantes - límites de uno mismo. Límites que nos pone la naturaleza - humana y divina - , y la vida entera - divina y humana - ... Invadirse para evadirse, e invadir a los demás.
**** Si bien parece que la expresión del poeta nace en el "yo", en el  "mi", en el egoísmo... la poesía sólo redime cuando se convierte en el "tú", en "lo tuyo", en lo plural del universo. "Yo soy tú", dirá la poeta. Y en esto está la redención.
***** Dice Ramiro que la poesía mejor (la única) es la que "sale", dictada; y no la que "se hace", por muy bella que parezca. Si "sale", deja una estela de libertad. Libera al creador, y crea una liberación para el lector. 
Sigue diciendo Ramiro que "escribir es espejear". Y la poeta lo hace en este libro, hasta físicamente, apoyada en la edición meticulosa. Y obliga al lector a verse en su propio espejo, para repensar el poema, que hace suyo. Mejor dicho: que "sale" de si mismo, ayudado por la autora, como si ésta fuera una partera.
****** Como una contradicción, en un primer paso, el lector se da cuenta de que él "no ha hecho" el poema, "ni le sale" ese poema; pero al final lo  puede conseguir si "entra" en cada verso; si se deja invadir, dispuesto a todo...
******* La poeta no define; más bien trasmite. Pone en faena al lector para que se deje llevar, invadir. Y eso sólo si el lector se decide a "entrar" a fondo en la poesía. La poeta "coloca una barca al borde de lo que escribe", e invita al lector a subirse y a navegar. Sólo así la poesía puede ser "soberbia"; cuando está por encima de uno mismo (ya sea autor, ya sea lector); y de la soberbia de los demás.
******** Lo del título, PHI, puede ser lo de menos. Cristina obliga al lector a entrar, no para que "haga" poesía, sino para "le salga" su poesía, como le sale su reflejo en el espejo.

¡Que me disculpe Ramiro Pinto por esta osadía!.  Él lo dice todo mejor que uno.     



(agf/mayo/2mil16/lector) 

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