lunes, 28 de septiembre de 2015

"Lo breve, si bueno: dos veces breve" (o algo así)


Como espectador, he asistido a presentaciones de libros lamentables.  De todo tipo. Desde todos los ángulos del poliedro que se compone alrededor del asunto; que debería ser sencillamente "presentación".  - "Aquí, el libro. Este es su autor... Un servidor lo ha leído, claro... y de cabo a rabo. No les voy a decir que es bueno. Ni malo, por supuesto. Eso lo han de decir ustedes... después de haberlo leído. Les está esperando. Por él, y por lo que nos quiere decir su creador... "  (Algo así,  sería).  

 La presentación formal del "presentador"debería durar escasos minutos. Escasos, pueden ser cinco. Nunca 35, en un total de 50 previstos para todos los intervinientes. Por mucho que sepa el presentador rollista; y por mucho que diga estimar al autor y a su obra; y por mucho que el autor se deje querer.  En realidad, lo que más desea el autor es que se pase pronto el susto.

El presentador nunca ha de hablar de si mismo: de su obra, de su "yo, en este aspecto, amigo, habría escrito esto... habría planteado la situación desde otro punto de vista...; por ejemplo, como lo hice en mi tercer libro, - que les recomiendo a todos ustedes ( dice, hablando al púbico)..."  Así fue una vez. Les aseguro que yo sentí vergüenza ajena. Por el atrevido presentador; y por el autor, sumiso a la amistad mal entendida.

Una presentación no es la defensa de una tesis; por muy académico que sea el tema del libro.  Ni tampoco ha de ser una pasarela interminable de sus bellezas. Debe ser algo de modestia, algo de recato, algo de insinuación; y mucho de silencio. Quizás convenga que tenga algo de técnicas de venta. Porque se trata de eso: de vender el libro. Y no sólo a cambio del dinero que marcará su precio...  

La presentación, en ese momento,  es el acto importante del libro. Y del autor. Él ha de ser el verdadero protagonista. Y a su gusto. Hay que dejar que haga y deshaga a su antojo; que para eso es suyo. Dejar que nos meta a todos en el cuerpo, y en el alma, las ganas de conocer, leer, destripar... su libro. Y para ello,  comprarlo antes, por supuesto. En esto tiene "mucha culpa" el editor. Que ha de hacer algo parecido al presentador; y ha de dejar hacer al autor, a su gusto... 

Si todo sale bien, será un buen "negocio" para todos.    

Pero repito: "Lo breve, si bueno: dos veces breve", (o algo así).   

2 comentarios:

  1. Pues ahora que lo dices, recuerdo yo alguna presentación un tanto espesa... de un gran libro que nunca pasó a mayores (quizá por culpa del editor)... de un autor un tanto engrandecido, precipitado y modesto sólo en apariencia, con demasiadas ansias por destacar y "maestro" de idólatras absurdos. Recuerdo bien aquella presentación.
    Me ha encantado este post. Me gusta todo aquel buen consejo del que puedo aprender. Gracias.

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  2. En general, no aprendemos de los consejos. Más bien de las vivencias. Pero algunas veces se agradece poder escarmentar en cabeza ajena... ¡¡¡Que aproveche!!!

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Espero tu comentario amable. Me ayudará a mejorar. Gracias.

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