jueves, 1 de mayo de 2014

la guerra del 73

(La guerra del 73 (1973, CIR "El Ferral", León)
Historias de la puta mili:

 Como recluta, tuve la instrucción militar en el CIR de El Ferral, en León. Para el resto de la mili me destinaron en el mismo batallón, como escribiente. Para llevar las cuentas del batallón. Ya entonces se me daba un poco escribir, y llevar las cuentas. Cuando el capitán, o el comandante, eran los encargados de la cocina, yo hacía los repartos de todos los gastos del cuartel. Me tocó hacer tres contabilidades de todo el regimiento. Y puedo asegurar que, - por ejemplo -, era un chollo ser capitán de cocina. Un verdadero chollo, aunque hablemos de pesetas.

Yo tuve un compañero de milicia, que luego he conocido en la vida civil de otra manera… En los partes de la compañía era un nombre y apellidos tan sólo. Realmente estaba al servicio personal del capitán: era su "machaca", como vulgarmente se decía. Estaba libre de instrucción, de pruebas de tiro, de maniobras, de desfiles. De todo eso "militar", por lo que teóricamente estábamos allí. Oficialmente tenía pase de pernocta, pero realmente vivía en la capital de día y de noche. Una hora de las mañanas la dedicaba a subir los bocadillos para los reclutas, desde la cocina del cuartel hasta los campos de instrucción. Pero no los bocadillos reglamentarios, no. Esos eran los chuscos y el salchichón, que repartían los furrieles. Los bocadillos del soldado anónimo los mandaba preparar el capitán de cocina: en las cocinas del cuartel, con los panes del cuartel, con el jamón del cuartel, con los chorizos del cuartel, con el queso del cuartel… y con las coca-colas del bar de oficiales. Si tenías "gusa" – ¡y claro que la tenías! -, el bocadillo extra te costaba unas pelas extra, que no estaban en tu nómina. Y el recuento de esas pelas las hacían el capitán y su machaca, en el mismo puesto de mando del batallón donde yo hacía el resto de los recuentos. Pero, mientras que mis cuentas eran: digamos que "virtuales"..., las faltriqueras del capitán y su machaca se llenaban cada mañana de pesetas, reales y verdaderas.

Sabíamos, extraoficialmente, – pero de sobra -, que el soldado anónimo era un recadero del capitán. Y de su señora esposa. Le llevaba el periódico a casa, le hacía los portes de la compra, pujaba la cartera del chaval del capitán al volver del cole, le cambiaba el aceite al seat de "la capitana", se ocupaba de algunas chapuzas de la casa (¡ejem, ejem!)...; y hasta hacía la cola para sacar las entradas del cine, cuando el cine era de muchas colas.

Lo que nadie sabía entonces era que el soldado anónimo era monórquido (1).  Sólo el cabrón del capitán, que eligió al machaca precisamente por eso. El teniente-médico que examinaba a los reclutas y a los soldados, para determinar si alguno era IT ("inútil total") para el servicio; PI ("presunto inútil") ; o como decíamos de sorna: "presunto imbécil"… puso en la ficha del futuro "machaca": "monórquido , sí; pero apto para el servicio… militar"…Y se lo contó al capitán, que andaba buscando a su asistente. El capitán era un putero, – lo sabíamos todos – ; y tenía una mujer muy hembra, y dos hijas camino de ello. Y también era un poco ingenuo y crédulo. No sabía el pobre que el mismísimo Generalísimo… de todos los Ejércitos por aquel entonces, era también monórquido. Y bien que nos jodía a todos.

Yo no quisiera comprometer la reputación de mi compañero de mili, ni reírme por si el capitán tenía o no tenía cuernos. Entre otras cosas porque de esto ya hace un montón de años, y habrán prescrito los hechos; y hasta los resultados de los hechos. Y además, las historias de la puta mili son todo leyendas. ¿Verdad, mi capitán?

 (1): Monórquido: se dice de la criatura que tiene un solo testículo. El vulgo (¡sin razón!) ha creído que eso afecta a la fecundidad e incluso a la apetencia sexual...


  

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