domingo, 30 de marzo de 2014

una hora menos



el cuento del insomne

estaba, - pobre de mí -  desvelado.
iban a dar ya las dos de la mañana. 
me había propuesto recoger en un folio 
las virtudes de los políticos que nos gobiernan.
el dial de la radio destelló, de repente;
y se elevó una voz de hombre, 
haciendo temblar el altavoz de la derecha:
"son las tres horas, 
del horario de verano" ... sonreí. 
¡¡me ahorraron el esfuerzo!!! 

(agf/30.03.2mil14)


hez:                              
                                
me va bien sentarme,
a solas, en el baño,
con la puerta cerrada
y la ventana entreabierta.
allí, en silencio,
entrecierro los ojos... y me alivio;
de todo:
 excrementos, humores insanos, posos mal asentados,
 madres revueltas (1).
y al fin...
tiro de la cadena.


(1)
notas acerca de "las madres", para algunos despistados:

1.- aquí, "la madre" no es la hija de la abuela, claro.
la madre es la matriz de las hembras, que a veces se sale (revuelta) 
durante el parto; 
es el útero, donde concibe la mujer.
más adelante, en la vida,
cada uno ha de buscar su cauce,
como el rio busca su "madre";
cada uno ha de poner en su casa 
la "viga madre" de cada cual... 
la que va de una pared a la otra;
es decir: "la vigona".  

2.- la primera cagada del recién nacido
es el "meconio", negro, duro... oxidado.
y la primera cura que le da la madre al hijo, tras parir,
es el "calostro":
la primera leche de la hembra, 
cargada de todo el depurativo necesario.

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los grandes recuerdos de mi infancia
huelen a lejía, 
a amor, y a ajo

huele 
la lejía, que inundaba los nudos de las tablas
del suelo 
de la cocina grande,
inmenso como el océano atlantico 
que cruzaba la tía de Mar de Plata
en los veranos. 
lejía: pura  - y purificadora - sustancia
de refriegas, en manos de la madre,
arrodillada. 

huele el amor
en los dedos de la abuela,
que bailaban el huso, en hebras retorcidas
de la blanca lana,
y convirtiendo las caricias
en calcetines cálidos.

huele el ajo
picante de la labia del padre
-  o del padre del padre - 
filando sempiternos filandones
en las noches largas
del invierno, 
siempre acompañadas de rojos jarros
de vino azul con "sapo"(1)...
y abrasadoras cazuelinas de sopas de ajo...


(1) el sapo era una rebanada de pan, tostado (casi quemado) a la brasa,
 que echaba mi abuelo en la jarra de barro rojo, en el vino de casa.
para mojar el pico durante toda una velada. 

(agf/30.03.2mil14)
  



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