martes, 15 de octubre de 2013

Romper la soledad desde un satélite

(foto tomada de la red, sin ánimo de lucro)

San Miguel de Escalada, - un pueblecito del municipio de Gradefes - es el reino del "silencio"; y de la "paz" (mozárabe) de su Monasterio. La "tranquilidad" se respira en sus calles, en sus cuestas, en su monte deshecho... y en su soto ubérrimo que riega el Esla. 

En verano, el silencio, la paz y la tranquilidad se rompen con el bullicio de los chicos, que vuelven siempre a abrazar a sus viejos abuelos; con los paseos largos y serenos de las monjas del pueblo, que regresan cada año, desde lejos, igual que las golondrinas; con las largas y divertidas partidas de brisca, trufadas con los chismes diarios e inocentes, - y a veces maliciosos -, que entretienen la vida del pueblo.  

Pero llega el otoño. Y los bulliciosos regresan a sus sitios. Cada pardal a su espiga. Cada oveja con su pareja. Y luego llega el invierno, que acorta las horas de luz y alarga las sombras de la soledad. De tantas soledades, que se resisten a abandonar sus nidos, y a dejar secos y quietos los humeros del hogar. Y la soledad se hace compañera. De día y de noche. Sobre todo de noche. En las calles del pueblo sólo quedan los gorriones revoltosos y algún perro asustado cuando cruza, veloz, el camión de la leche. Y en el monte y la vega, batallones de pájaros que pían sus canciones de siempre.  En las casas de adobe, que el amor al terruño mantiene en pié todavía, se acurruca la soledad de las viudas, dispuestas a "aguantar otro invierno".

Ahora resulta que les van a reventar la soledad desde un satélite. Les van a poner una "televisión inteligente", que les despierte cada mañana, como lo hacen las enfermeras cariñosas de un centro de reposo, para darles los buenos días y preguntar "cómo va esa artrosis", "cuando pasa el panadero", o cómo les "furrula" la memoria. Y a la tarde, - o a la noche - una sesión de vídeo familiar: con la hija que está en Zaragoza; o el nieto que se fue a Tarragona; o la hermana que vive en León, tan cerca y tan lejos... 

Tendrán que aprender algo de "tecnología". Pero, luego, seguro que tendrán ratos de verano caliente en su cocina de invierno. Y romperán la soledad... que es lo que a todos nos da más miedo.  


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