lunes, 26 de marzo de 2012

la monjita y el truhán

Ave María Purísima!!!


Una historia leonesa que parece de chiste:


Esta tarde me han contado una historia, - al parecer sucedida realmente en las calles de León hace unos días -, que parece de chiste. Y la verdad es que es de risa, porque tiene un final feliz y divertido.
Les cuento:
Para los que no lo sepan, empiezo por situar el sitio de la "ocurrencia":  En la calle Alfonso V, que va desde la calle San Agustín a la de Ordóño II, hay un colegio de monjas. Y en el colegio sigue viviendo y ejerciendo una anciana monjita, que está para muy pocos trotes. Está la buena hermana para algunos recados, siempre de recorridos cortos. Un encargo habitual es acercarse a la Oficina de Caja España, en la calle de Ordoño II, justo al lado de la entrada del Ayuntamiento de León, para sacar algún dinero de la cuenta de la comunidad de monjas, para el manejo de efectivo necesario.
La monja es una buenaza, pero algo dicharachera. Le gusta un montón darle a la lengua. Y a veces le pierde la confianza. El otro día mismo, haciendo la cola de la ventanilla de la caja, se puso a hablar con un señor, aparentemente educado, que iba detrás de ella en la fila. Y le faltó tiempo para contar al hombre que "iba a sacar mil euros para el colegio, que tenían que pagar no sé qué factura del fontanero, por cambiar el contador del agua, que había sufrido los rigores de los hielos..." 
El hombre le siguió la corriente, y hasta se interesó por su seguridad. Eso es lo que al menos le pareció a ella.
-"¿Y no tiene usted miedo, venir sola a por el dinero, y regresar al colegio?" - dijo.
- "¡Quiá, hijo!, si nada más tengo que cruzar la calle. El colegio está ahí mismo..." - contestó la monja, agradecida.
Le tocó el turno a la hermana carmelita, sacó de la Caja sus mil euros, y los guardó en un sobre, que llevaba previamente dispuesto, como de costumbre. Y salió a la calle, buscando el camino más corto, de vuelta al colegio.
Mas hete aquí que el señor educado se había adelantado, y a media calle se convirtió en bandolero.
- "A ver, hermana: saque usted ahora mismo ese sobre, y suelte el dinero" - le dijo, amenazante, con la cara escondida a medias.
- "Virgen del Carmen!, no me haga daño" - acertó a decir la monja, temblorosa - "Tenga, tenga..."  - Y buscó aceleradamente el sobre, que le duró bien poco entre los dedos. El truhán se lo arrebató; y salió, pies en polvorosa.
La anciana llegó al colegio, y contó, como pudo, lo que le había ocurrido, entrando en un estado de excitación que empezó a preocupar a sus hermanas más que la falta del dinero. La estaban consolando, y disculpando; y en esto la buena monja echó mano a su faltriquera, y comenzó a reirse como una loca. Sus compañeras se preocuparon más todavía, y decidieron llamar a la enfermera, para buscar, si fuera necesario, al médico. No fuera que la vieja se estuviera volviendo loca. 
- "Ave María!!! "- gritó la vieja monja, como una loca verdadera. Y sacó de sus entretelas un sobre  - "Virgen mia del Carmen... Pero si el dinero está aquí, todo, entero!!!".
Las otras religiosas no sabían qué hacer: si santiguarse, o aguantarse la risa.  La anciana sufría de una lógica incontinencia urinaria por sus años, y acostumbraba a llegar en un sobre, - igual que el del dinero -,  una compresa de reserva en sus desplazamientos. Y se había dado cuenta de que el sobre que había "largado" al pobre bandolero era el que llevaba la última reserva de compresas. Y la risa contagiosa ni siquiera le dejaba explicarselo a las otras...

Hay vírgenes ingénuas que están guardadas por algún ángel, o alguna Virgen buena. Y hay señores "educados" que se llevan sorpresas. Quiero decir: compresas. 

(agf/26.03.2mil12)   

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