jueves, 29 de marzo de 2012

desde el cielo no se ven las estrellas

 

Érase un indio del Amazonas,
que era feliz sin saber lo que era un bosque.
Estaba acostumbrado a la abundancia gratuita de la tierra,
a la grandeza de los árboles magníficos;
al esplendor de las suaves colinas;
a la profundidad del río caudaloso;
a la belleza de las cascadas colgadas desde el cielo, y siempre eternas;
a la sumisa compañía de los animales en igualdad...
Tan sólo le bastaba un agujero entre las ramas, cada noche,
para "entusiarmarse" - que es llenarse de dios: "estar en Zeus" -
mirando a las estrellas.
No le faltaba nada. Porque no le sobraba nada... Mas sin quererlo.
No le importaba el cielo,
pues sabía que en cualquier otro paraiso las estrellas eran estériles.
Un día aciago llegaron unos hombres
empeñados en admirar los árboles,
en contar los árboles,
en estrujar los árboles,
en echar los árboles
al suelo...
El indio se escondió. Mas sólo por un tiempo.
Los hombres extraños le llenaron las manos de baratijas... y el alma de extrañas tentaciones.
- "A cambio te daremos"; "a cambio tú tendrás";
... a cambio...
A cambio de aprender lo que era un árbol ,
- a ojos de los otros -
el indio del Amazonas dejó de poseer el bosque.

(agf/29.03.2mil12)

1 comentario:

  1. !Preciosa entrada! He llorado por más de un árbol, pero siguen cayendo bajo la sierra. En León los siguen podando en primavera. ¡Nos harán creer que florecen en invierno! Un saludo.

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