viernes, 17 de marzo de 2017

parábola



parábola:

"En aquel tiempo" un hombre honrado tenía una hija, a la que le llegó la hora feliz de casar con el hijo de un amigo. El padre de la novia estaba orgulloso de su hija,  había ahorrado algo de su fortuna a fuerza de su trabajo, y decidió preparar un gran convite para celebrar su casamiento, invitando a toda su familia, y a los mejores amigos. Casi todos aceptaron de corazón ser invitados a la boda. Casi todos, menos uno. Resultó una sorpresa para el padre de la novia, porque ese uno había presumido de llamarse su amigo íntimo. Y, por supuesto,  no era el padre del novio, ni cosa parecida.
El padre, a su invitación emocionada y cariñosa, recibió esta misiva:



"Estimado amigo: Será para nosotros un gran gusto ofreceros, - a ti, a tu hija, a tu familia,  y a tus amigos -, un convite más grande que el que tú estás preparando, y que ahora nos participas. Haremos una gran fiesta de boda para tu hija. Pero con estas condiciones: ella, y tú mismo, acudiréis vestidos con el protocolo que os harán llegar mis lacayos, os sentaréis en los asientos que se os asignen, tomaréis de testigos a mis cortesanos, comeréis los manjares que lleguen de mis despensas... y la novia, en su primera noche, pasara por el tálamo con mi primogénito..."

Decidnos: ¿Cuál creéis que debería ser la respuesta del padre honrado 
y solícito? En San Miguel de Escalada tenemos este dilema. Bueno, no tanto... Porque también sabemos muy bien cuál va a ser la respuesta.



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