martes, 7 de febrero de 2012

Estampas de Escalada



Érase una vez un "caballero del Rey", llamado Martín. Por eso le apellidaban "Reyero". Vivía cabe de Rueda, en una casa que fuera feudo de un Almirante del mismo Rey; y su hacienda, aunque escasa, le daba de sobra para vestir con la elegancia de un cortesano, para pasar días de solaz, sin hacer nada, y para bajar a la villa de Mansilla, en los días de feria, a comer en la fonda de Justina, la Píicara.
De Mansilla de las Mulas venía una tarde, acompañado de una dama, natural del pueblo ilustre de Valle de los Alisos, que hoy conocen los comarcanos como Valdealiso. Llegaron los dos contentos al Monasterio de San Miguel de Escalada, y decidieron rezar una salve a Nuestra Señora, que estaba por aquellos días expuesta en la capilla de San Gonzalo, que fue Panteón de los Abades, y tras muchos siglos: cementerio del común de los mortales de todo el pueblo.
Y aquí los tenemos. Al caballero Martín y a la dama, que sus padres pusieron en el bautismo María de los Ángeles del Cielo.

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