jueves, 3 de noviembre de 2011

ojalá

En la reciente jaculatoria de esta precampaña electoral que nos anega, se adivina una resignación atea. Es recurrir a un dios en el que no se cree. Y del que poco se espera. Es dejar en la cara de los dados nuestra suerte.


OJALÁ


En la reciente jaculatoria de esta precampaña electoral que nos anega, se adivina una resignación atea. Es recurrir a un dios en el que no se cree. Y del que poco se espera. Es dejar en la cara de los dados nuestra suerte.


La teoría etimológica más creible nos lleva al árabe "law sha`aAllah", que significa "¡Si dios quisiera!" (Ni siquiera si Dios quiere)
En alguno de los dialectos andalusíes se convertiría en "lawsha´allah", como palabra propia, derivando a "lawshallá", y luego a "loshalá". El castellano antiguo lo toma, perdiendo la ele (l) inicial, y cambiando la "sh" por "x", pasando a ser "oxalá". A un paso de OJALÁ.


Los latinos decían UTINAM para decir ojalá. Y UTINAM está compuesto de "uti" y de "nam", y significa "¡ojalá que pluguiera a Dios!".
"Uti" viene de "ut", en el sentido de como, así como, para qué, a fin de qué...
Y "nam" quiere expresar "en efecto", "así pues"... con muchos sentidos posibles:
- sirve para explicar o motivar lo que se dice, o significa;
- sirve para pasar de un momento a otro en las transiciones, y entonces toma un sentido adversativo;
- en las proposiciones interrogativas da mayor energía al pensamiento...


"¡Utinam ne!" significa una cosa más cierta: ¡Ojalá que no!
¡¡¡Ojalá que no nos tomen más el pelo!!!



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