miércoles, 16 de noviembre de 2011

en minúscula: la fiebre



en minúscula


las siete y media de la tarde es la hora más temida. 
una cruel calentura me acuna - ¿o me anega? - entre las sábanas húmedas y abrasadoras. no me hace falta el medidor de la fiebre de mercurio para saber que tengo mi cuerpo a más de 39. la gota gris de mi penitencia, en la figura de un mal desconocido, sube por la barra de mi cuerpo cristalino; y me deja rendido. un beso de los miedos me despierta del duermevela atroz e insufrible; y deja en mis lábios un mordisco de dolor y unos jirones de piel en la comisura de mi boca.  abro los ojos, y me salva la dulce mirada de una madre, sin que de verdad lo sea... ¡o sí!;  necesito una madre que me cure.
son las diez menos cuarto. se fue la fiebre. mamá me acocha sobre el lado izquierdo de su pecho. la febril pesadilla es ahora un sueño placentero. 


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