sábado, 4 de septiembre de 2010

John Williams




"Conozco" a John Williams desde hace unos dos años y medio. Nos hemos cruzado saludos y comentarios por la red, por correos electrónicos, y varias veces por teléfono. Pero no lo reconozco personalmente, "face to face". Físicamente si sé cómo es. Por la prensa. En lo cordial, me arriesgo a decir que es un hombre grande; y bueno, en el sentido machadiano. De cuerpo entero, me lo imagino alto. Con cara risueña, y un poco de despistado. Ojos azules, claros, detrás de dos cristales transparentes. Ojos azules... son mentireiros, dice la copla. No es verdad. No puede ser verdad. Aunque yo los prefiera acastañados, que son más firmes y verdadeiros. Pero eso quizá esté bien aplicado para las mujeres.

Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso...

Así escribe Ángel González, el gran poeta asturiano que nos dejó el día de mi santo, día 12 de enero de 2008.
Yo quizás mire con buenos ojos a John Williams. Porque quiero ser su amigo. Porque John Williams es alto, limpio, inteligente, sencillo, tierno... y bondadoso.
Y es, también, prosaico: investigador, estudioso, historiador, intérprete. Meticuloso "ratón de archivos y blibliotecas" y animador de historias olvidadas. Y, ¡afortunadamente!, enamorado de España, y de León. ¡Y de Escalada!

El próximo martes, día 7de septiembre, espero tener el gusto de saludarle...

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