martes, 11 de mayo de 2010

un calidoscopio



El polarizador ( de polarizar: modificar las ondas luminosas, de tal manera que pasen a propagarse en un determinado plano), permite profundizar e intensificar el cielo azul. Alcanza la saturación vibrante del color, reduce o elimina el fulgor y los reflejos de objetos no metálicos y superficies de vidrio. El filtro puede ser girado para elegir la cantidad de reflejo a ser removido. A veces, el polarizador determina la densidad del cielo azul de celeste a azul oscuro, y crea un contraste dramático entre el cielo y las nubes. Muchos fotógrafos profesionales lo colocan en la lente de su cámara. Incluso muchos fabricantes recomiendan utilizar un filtro para proteger la lente de ralladuras y otros daños inadvertidos.

Estas palabras podrían estar sacadas de un manual de cámara de fotos. Pero hoy las traemos aquí, a propósito de una noticia cultural de la Universidad leonesa. Quizás no resulten necesarias tantas explicaciones como las que se dan en el reportaje. A veces el arte no se explica. Se auto-explica. Se da a entender, tan sólo con su presencia. Y con su vivencia. O con la posible vivencia que le dan los ojos de la gente. Si esa vivencia compartida no se produce, será mejor cambiar de filtro.

En San Miguel de Escalada queremos montar un polarizador de ideas. Nada parecido a aquel infausto bodrio que sufrimos hace poco. Nada físico. Que para físico ya tenemos las joyas de las dos iglesias, los arcos, la explanada, el tranquilo recinto de la abadía en la ladera, el mirador magnífico sobre el Esla... y el cielo. Una vibrante saturación de paz y de silencio.

A veces, polarizar es colocar una lente delante de los ojos. Un tubo que contiene varios espejos en ángulo y pedacitos de cristal irregulares; y al mirar por uno de sus extremos se ven combinaciones simétricas que varían cuando se gira el tubo. Sí, sí... eso es: un calidoscopio. Yo tuve uno, de niño. Bueno, yo tuve muchos. Me los fabricaba yo mismo. Para pasarme las horas muertas cambiando las densidades a mis cielos. Y explotando las estrellas multicolores, mientras me caía de nuca sobre el suelo, en embargadores éxtasis sencillos. Hoy, todavía tengo uno. Un calidoscopio, digo. Y me auto-contemplo como un niño.

Para ensoñar, aún más si cabe, esta maravilla que tenemos en San Miguel de Escalada, estamos montando un polarizador de ideas. Sí, ya lo estamos montando. Nada físico. Nada parecido a las cosas mal hechas. Estamos fabricando, con nuestras propias manos, un calidoscopio de palabras.¡Qué maravilla! Con muchos otros niños soñadores, que fabrican con espejos, cristales y un tubo... sus visiones cálidas de la vida. Porque eso es la poesía. Y el 19 de junio próximo nos pasaran por los ojos turulatos, guardando la vez en una cola inmensa, ese juego de niños.

Ya les iremos dando noticias de este montaje.

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