jueves, 8 de abril de 2010

"una limosna, por el amor de Dios"...

...

"Si sólo se dieran limosnas por piedad, todos los mendigos hubieran muerto ya de hambre."
Friedrich NIETZSCHE.


¿Porqué "hacemos" limosnas?

Limosna es lo que se da como donativo para socorrer una necesidad. Parece una redundancia: "dar un donativo". Pero no, no lo es. Donativo es la entrega voluntaria de algo, sobre todo con fines benéficos... (es decir: para hacer el bien). Voluntaria y desinteresada. Piedad, puede ser: religiosidad, fervor, misericordia, lástima, compasión, clemencia. De todas esas cosas tenemos todos muy poco, en estos tiempos.

NIETZCHE fue aquél filósofo alemán al que muchos atribuyen el sanbenito de la frase: "El hombre es un lobo para el hombre"... Eso ya lo dijo el latino Tito Marcio Plauto:
"Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit."(Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro). Y más tarde Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, en su obra Leviatán, que dice que el egoísmo es básico en el comportamiento humano, aunque la sociedad intenta corregir esta práctica favoreciendo la convivencia.

"Hacemos" limosnas, - damos sin donar -, por egoísmo puro. A veces por soberbia; otras por fariseismo. Damos siempre con la mano derecha; que se vea bien. La mano del orgullo, de la displicencia, de la fórmula social. Limosneamos, activamente, con temor. Con miedo a estar, pasivamente, cualquier día cercano, al otro lado. Damos limosnas por auto-complacencia; por "aquí estoy yo". Pero nos importa un carajo el hombre. El pordiosero es, - sigue siendo - un lobo. O lo somos nosotros. Para él, y para nosotros mismos. Con nuestras miradas fieras; o simplemente torvas, por lo hurañas.

Y no digamos que "hacemos limosnas" por fe, religiosidad, misericordia o clemencia. Ya ni siquiera hay "pordioseros", que son los que piden "por Dios". Ni siquiera por cualquier dios digno, o dignificante. Sin llegar a generalizar, se pide por atrevimiento, por caradura, por facilidad, por vaguería, por picardía, por negocio lucrativo... Esos deben ser los dioses actuales de esta sociedad.

Mas, sobre todo, no miramos al pedigüeño. No sabemos nada de él. Ni lo queremos saber. ¿Alguno de nosotros sabe cómo tiene los ojos un mendigo? ¡¡¡Quia!!! Si lo supieramos, sabríamos que hay hambres más acuciantes en las bocas de los hombres. Pero eso no nos importa. Incluso nos molesta poder llegar a conocerlo.

Yo, por propósito firme y por sistema, no doy limosnas en la calle. Tengo otros cauces para hacer llegar mi donación. Pues, el otro día, un mendicante - después de decirle que no a su petición, y de darle someramente mis razones y mi alternativa - me saludó (creo que cordialmente): "Quede usted con Dios". Ese sí es un "pordiosero". Y me hizo caso: se fue al comedor de las monjas de la caridad en Puerta Obispo. Esas sí dan caridad. Y saben cómo tienen los ojos los mendigos. De colores. De todos los colores. Como tú y como yo. Como ellas.



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