La verdadera belleza está en el interior del cofre.
El valor del “cofre” está en el
contenido que se guarda en él. El cofre, normalmente de metal o de madera,
puede ser hermoso; pero su primera y primordial obligación es ser resistente, y
que sirva para guardar objetos de valor.
El cofre - para los latinos “cofhinus”-
bien puede ser un simple cuévano: cesto de
mimbres, grande y hondo - más ancho por la boca y menos por el culo - usado
para llevar la uva, la aceituna o la manzana hasta el lagar.
Mas el verdadero valor del cofre se
verá en el resultado final de su
contenido: la uva pisada, la aceituna prensada o la manzana machacada.
Podemos ser, de jóvenes, hermosas
cajas de madera o de metal precioso; pero la única belleza es la que prevalece
a la ajadura.
La verdadera belleza es la permanece
en el interior.