viernes, 29 de noviembre de 2013

El P. Feijoo dice que hasta los burros de por aquí son listos…



Cuentan que el Padre Feijoo (1676-1764), benedictino, gran filósofo, naturista, botánico, cuando vivió en el Monasterio de San Pedro de Eslonza, estuvo varias veces en Valduvieco (1706), recogiendo plantas medicinales para la botica del monasterio y descubriendo fuentes. Tiene varios escritos sobre las propiedades del agua, y relata algunas costumbres. En su Teatro de mundo, obra VIII, dice: "Un buen régimen para la salud es la siesta. Mis monjes la practican y no gozan de peor salud que el resto". Otra: " Si quieres vivir sano, la ropa que traes por el invierno, tráela por el verano". Dice también que los labradores de la zona empleaban la Piedra Lipis, Vitriolo azul de cobre, para rociar las semillas antes de sembrarlas. El P. Feijoo dice que hasta los burros de por aquí son listos… Cuenta que la acémila del monasterio sabía leer el calendario, pues todos los jueves iba a León cargada de recados; y si no la ataban el martes, al miércoles desaparecía.
 He aquí la cita literal:
… Finalmente (dejando otros muchos argumentos) probaré la racionalidad de los brutos con una acción observada en algunos, que aunque no es de las comunes, por ser también singular la prueba, merece tener aquí lugar. Aristóteles en los Problemas dice que el acto de contar, o numerar es tan privativo del hombre, que ningún otro animal es capaz de él; en que da bastantemente a entender, que este acto pide proceder de principio racional. Sin embargo, se han visto brutos que cuentan los días de la semana, y observan su curso, y serie. En nuestro Colegio de San Pedro de Eslonza, distante tres leguas de la Ciudad de León, hubo en mi tiempo un pollino que apenas hacía otra jornada que una cada semana los Jueves, montado de un criado que llevaba las cartas del Colegio a la Estafeta de aquella Capital. El buen pollino no estaba bien con este paseo; y llegando el día Jueves indefectiblemente se escapaba de la caballeriza, y se ocultaba cuanto podía para excusar la jornada, lo que nunca hacía otro algún día de la semana. En que también era admirable la sagacidad, y maña de que usaba para abrir la puerta, precisando en fin a que la noche antes del Jueves se le cerrase con llave.
 
Nicolás Hartsoeker en el libro Ilustraciones sobre las conjeturas físicas refiere otro tanto de algunos perros. Pondré aquí todo el pasaje de este Autor a la letra. «Un perro (dice) estando acostumbrado a ir regularmente todos los días de Domingo de París a Charenton con su amo, que iba a oír la predicación en aquel Lugar, fue dejado un Domingo cerrado en casa. No le agradó esto al animal; pero imaginando sin duda, como se puede juzgar por lo que se siguió después, que ésta habría sido casualidad, y que no sucedería otra vez, tuvo paciencia. Pero como el Domingo siguiente le dejase cerrado el amo del mismo modo, tomó tan bien sus precauciones, que no pudo hacerlo tercera vez. ¿Qué hizo el perro? Partió el Sábado antecedente de París a Charenton, donde el amo le halló el Domingo, y supo que el Sábado cerca de anochecer había llegado allí. ¿Un hombre podría razonar mejor? Si yo espero a mañana (dijo para consigo el perro) no podré evitar que me cierren, como hicieron las dos veces pasadas. El remedio, pues, es partir la víspera. ¿Sabía, pues, me dirán, contar los días? Sin duda; y esto no es cosa tan extraordinaria, que no hay mil ejemplares. Hay perros, que viviendo cerca de alguna Ciudad, jamás dejan de ir a ella los días de Mercado, que se tiene una vez cada semana, por ver si pueden pescar algo.» 
(Teatro crítico universal, Tomo III, Discurso 9, -"Sobre la Racionalidad de los brutos" (Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764)

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