domingo, 12 de septiembre de 2010

EL SILENCIO, según Maio:


Libro del Apocalípsis 8, 1: "Cuando abrió el séptimo sello, hubo un silencio en el cielo por espacio como de media hora"...


Este verso es como un entreacto, durante el cual se preparan los actores, que van a actuar en el versículo siguiente. La media hora da tiempo de sobra para cambiar la escena. Pasa del cielo a la tierra. En la tierra se va a representar la ejecución de los juicios contra el mundo...

Hablo de El Beato de San Miguel de Escalada. Pero, ¿cómo hace Magio para pintarnos el silencio del cielo?. Escribe en doce medallones, que son como coronas doradas, la frase que lleva doce letras: "Silentium est":


¿Un poco ingénuo?. No; didáctico. Y además, enraizado en la tradición de los Beatos, que entendían el silencio del cielo como algo cósmico, redondo, perfecto. El número doce es un número perfecto. Petrus, ilustrador del Monasterio de Silos, vendría despues, en el año 1109, a encontrar la fórmula genial de representar el silencio con el vacio, dentro de una orla...
...

Recuerdo una anécdota de un niño, genial. Era el hijo de una compañera mía de trabajo. En el colegio, en clase de religión, el profesor les hablaba de las tentaciones de Cristo. Y les propuso a los niños que representaran en un dibujo a Jesús, aguantando la tentación del diablo, y diciendo ¡que no!... ¡Menudo reto!
El niño tuvo una inspiración genial: dibujó al demonio tentando a Jesucristo; y al Señor, sereno, sonriente, diciendo ¡que no!...
- ¿Cómo dice que no? - me preguntaréis...
- ¡Fácil, muy fácil... algo atrevido, pero ingénuo: ¡¡¡Cristo estaba haciendo un corte de mangas, con el brazo y con el dedo!!!
¡Bravo por el niño genial ¡Y bravo por Magio!

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